La propia advertencia editorial que abre la novela aclara al lector un equívoco crucial: el «don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes» que protagoniza gran parte de esta entrega no es el mismo personaje que apareció en Eran siete hombres malos —donde, en realidad, se trataba de El Coyote bajo un disfraz tan perfecto que cuantos lo vieron entonces dan por hecho que se trata de la misma persona—. Aquí, por primera vez en la saga, la identidad prestada cobra vida propia: existe un don Pedro Celestino auténtico, hacendado mejicano perseguido por conspirar a favor de Porfirio Díaz, cuyo azaroso viaje hacia California converge con el terreno que El Coyote lleva tiempo pisando bajo su nombre y su rostro.
🗺️ Sinopsis
En la Ciudad de Méjico, don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes, proscrito por su apoyo económico a la rebelión del general Porfirio Díaz contra don Benito Juárez, sobrevive a una emboscada nocturna gracias a la lamparilla de una Virgen callejera que delata a sus atacantes. El coronel Aarón Méndez Picuña, jefe de policía que ocupa la confiscada mansión de los Carvajal y ambiciona quedarse con ella para siempre, ha encargado su asesinato —disfrazado de atraco— a su ayudante, el teniente Doroteo Favard, prometiéndole cien mil pesos que en realidad nunca piensa pagarle, pues ya planea eliminarlo también a él una vez cumplido el encargo.
Don Pedro escapa de una segunda encerrona gracias a Balbino Jurado, un soldado que fue peón de su padre y que, pese a guardarle un antiguo rencor por un noviazgo frustrado, decide salvarlo degollando a un centinela. Ambos huyen de la capital en la diligencia de un amigo fiel, don Anselmo Zurutuza, quien falsifica los nombres de los viajeros para despistar a la policía. En el camino, la diligencia es asaltada por «los compadres», una pintoresca banda de bandoleros de hablar castizo cuyo jefe, para sorpresa de don Pedro, se muestra extrañamente respetuoso con las damas del coche y termina por llevárselo a él y a Balbino como «prisioneros» hacia el norte. La encerrona resulta ser, en realidad, obra del propio don Anselmo, que había convencido al bandido de rescatar a don Pedro antes de que le alcanzaran los cincuenta soldados enviados por Favard.
Guiados hacia la frontera por un enviado de confianza de Zurutuza, don Pedro y Balbino cruzan a Arizona por Nogales y llegan a la misión de San Xavier del Bac, donde se alojan en la misma posada que Felipe, el posadero, y la escritora Kathryn Sneesby —personajes ya conocidos de Eran siete hombres malos— recuerdan haber atendido, poco antes, a otro «don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes» que en realidad era don César de Echagüe, El Coyote, disfrazado. Convencidos de que se trata del mismo hombre, Felipe y, sobre todo, la inasequible al desaliento Kathryn —que insiste en llamarlo «señor Coyote» y en acompañarlo hasta California para documentar su próxima novela— desatan una serie de equívocos cómicos que don Pedro, auténticamente perplejo, es incapaz de desmontar. Esa misma noche, un pistolero apostado en el balcón trata de matarlo; la propia Kathryn, revólver en mano, ahuyenta a tiros al atacante, que no es sino el teniente Favard, quien ha seguido solo la pista de su presa hasta la misión.
Durante la persecución, Favard —mucho más inteligente y calculador de lo que sus jefes suponen— ha deducido, escuchando sin querer una confidencia de don Pedro, que este posee una rica herencia en California: una hacienda vitivinícola en Monterrey y cien mil dólares depositados en el Banco Emigh de Los Ángeles, administrados por el capataz yanqui Thomas Holgate. Adoptando el nombre falso de «Matías Calderón», Favard localiza a Holgate con ayuda de un servicial californiano, Timoteo Lugones, y descubre que fue el propio Holgate quien denunció en secreto a don Pedro ante la policía mejicana para asegurarse el control indefinido de sus tierras. Favard chantajea a Holgate por cincuenta mil de los cien mil dólares depositados, obligándolo a firmar un pagaré; pero, apenas Holgate se marcha, El Coyote en persona —que ha estado vigilando la maniobra— se presenta en el cuarto de Favard, lo desarma con un disparo que le arranca un trozo de oreja (la clásica marca del enmascarado) y le arrebata el documento comprometedor, dejándole a cambio cien dólares «como premio a su valor» y un cordial consejo sobre no llevar las rencillas mejicanas al extranjero.
Holgate, decidido a no pagar, tiende una emboscada a «Calderón» frente a la posada; Favard, fingiéndose muerto, se incorpora en el último instante y abate a tiros a dos de sus atacantes con una puntería asombrosa, mientras Holgate huye. A la mañana siguiente, Holgate descubre, furioso, que «Calderón» —de nuevo El Coyote bajo esa identidad— ya ha cobrado los cincuenta mil dólares en el banco antes de que él pudiera detener el pago. Poco después, el auténtico don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes se presenta en persona ante un desconcertado Holgate, pidiéndole dinero y un coche para instalarse; pero el capataz, extrañado por ciertos detalles impropios del hombre serio que recordaba de diez años atrás —entre ellos, un galante piropo a la criada—, sospecha del impostor, persigue el coche en que se ha marchado y lo encuentra vacío: el cochero no era sino Timoteo Lugones disfrazado, y el «don Pedro» de la visita, una vez más, El Coyote jugando con la identidad prestada. Buscando respuestas en la posada del Rey don Carlos, Holgate se cruza con el propio don César de Echagüe, tranquilo junto a su esposa Lupe y su hijo, sin sospechar que tiene ante sí al verdadero autor de sus quebraderos de cabeza. La novela se cierra con El Coyote reconociendo ante los suyos la rareza de la situación —encontrarse, después de años de usar su rostro y su nombre como disfraz, con el auténtico don Pedro Celestino a punto de llegar a Los Ángeles— y dejando la resolución del enredo para el desenlace que ha de llegar «mañana o pasado», cuando ambos hombres coincidan al fin cara a cara.
🕰️ Contexto histórico
La primera mitad de la novela se ambienta en el Méjico convulso de finales de los años 1860, bajo la presidencia de Benito Juárez, con el país exhausto tras la guerra contra la intervención francesa y el fusilamiento de Maximiliano en Querétaro. Mallorquí dedica varias páginas a una defensa explícita de la dignidad histórica mejicana frente a la caricatura de «opereta» con que, según el narrador, la literatura anglosajona retrató las revoluciones del país, y sitúa la trama en el trasfondo real de las luchas de facción entre juaristas y porfiristas que precedieron a la presidencia de Porfirio Díaz. La escena en Querétaro, con la visita al cerro de las Campanas donde fue fusilado el emperador Maximiliano, ancla la ficción en hechos históricos recientes para los lectores de la época. La segunda mitad traslada la acción a la frontera de Sonora y Arizona y a un Los Ángeles todavía pequeño, de calles polvorientas, en pleno auge como cruce de razas y fortunas, completando el retrato binacional que caracteriza buena parte de la saga.
👥 Personajes
- Don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes: Hacendado mejicano auténtico, descendiente de una orgullosa estirpe castellana, proscrito por financiar la rebelión de Porfirio Díaz contra Juárez. Digno, valiente y algo ingenuo en su confianza hacia Holgate, protagoniza la primera mitad de la novela sin saber que su nombre y su rostro llevan tiempo siendo usados como disfraz por El Coyote.
- El Coyote / Don César de Echagüe: El héroe enmascarado, que desde la muerte de doña Veneranda Shelton adoptó el rostro y la identidad del auténtico don Pedro Celestino —copiado de un retrato robado— como uno de sus disfraces habituales. En esta entrega actúa sobre todo entre bastidores, protegiendo a distancia al verdadero don Pedro y desbaratando los planes de Holgate y Favard, hasta reaparecer al final como sí mismo, don César, junto a Lupe y su hijo.
- Balbino Jurado: Antiguo peón de la familia Carvajal, alistado en la milicia, a quien don Pedro prohibió casarse con una novia que resultó no convenirle. Lejos de guardarle rencor, se lo agradece y le salva la vida degollando a un centinela, acompañándolo lealmente hasta Arizona.
- Coronel Aarón Méndez Picuña: Jefe superior de policía de la Ciudad de Méjico, instalado en la mansión confiscada de los Carvajal, que ordena asesinar a don Pedro para asegurarse la propiedad del inmueble sin que nadie pueda reclamarla jamás.
- Teniente Doroteo Favard: Ayudante mejicano de origen francés, inteligente y sin escrúpulos, encargado de matar a don Pedro. Al descubrir la fortuna californiana de su objetivo, cambia de plan y extorsiona a Holgate bajo el alias de «Matías Calderón»; marcado en la oreja por El Coyote y sobreviviente de una encerrona, termina la novela más rico y algo más cauto, sin haber logrado ni matar a don Pedro ni quedarse con el botín completo.
- Thomas Holgate: Capataz yanqui de las haciendas californianas heredadas por don Pedro, que traicionó a su patrón denunciándolo en secreto a la policía mejicana. Chantajeado por Favard y burlado dos veces por El Coyote disfrazado de don Pedro, termina la novela desconcertado y cincuenta mil dólares más pobre.
- Kathryn Sneesby: La excéntrica novelista romántica, ya conocida de Eran siete hombres malos, que confunde al auténtico don Pedro con El Coyote y se empeña en seguirlo hasta California para documentar su próxima obra, aportando el contrapunto cómico de la novela.
- Don Anselmo Zurutuza: Propietario de la línea de diligencias, viejo amigo de la familia Carvajal, que arriesga su negocio para organizar la fuga de don Pedro, falsificando listas de pasajeros y concertando en secreto su «secuestro» por los compadres.
- Felipe: Posadero de la misión de San Xavier del Bac, ya aparecido en la novela anterior, que reconoce a don Pedro como «don César» y desata sin querer los equívocos de identidad que recorren la segunda mitad del libro.
- Timoteo Lugones: Servicial californiano que ayuda a Favard a localizar a Holgate sin saber que en realidad está colaborando, sin saberlo, con los planes de El Coyote; reaparece disfrazado de cochero para hacer desaparecer a «don Pedro» ante las narices de Holgate.
Portadas






✨ Frase característica
«Un canalla tiene ventaja cuando trata con personas honradas y decentes; pero si trata con otros sinvergüenzas de su propio calibre, desaparece la ventaja.»
— El Coyote, a Doroteo Favard, tras arrebatarle el documento comprometedor de Holgate
📜 Citas y proverbios
- «Las grandes naciones crecen con dolor. Méjico es como uno de esos muchachotes que se acuestan midiendo un metro sesenta centímetros y se despiertan al día siguiente con metro sesenta y uno. Sus convulsiones son la fiebre del crecimiento.» — un sacerdote, compañero de viaje de don Pedro en la diligencia
- «Siempre da dos veces el que da primero.» — reflexión de don Pedro al defenderse de la primera emboscada
- «Cuando un zapato nos oprime demasiado el pie, no tenemos más remedio que tirarlo, por bueno y bonito que sea.» — el coronel Méndez Picuña, decidiendo en secreto la muerte de su propio ayudante Favard
- «No sea un estúpido, además de ser un canalla.» — El Coyote, desarmando a Holgate
- «Es usted quien ahora se marcha. Buen viaje y salude al coronel Méndez. Dígale que tal vez dentro de poco vaya yo a Méjico a poner un poco de orden.» — El Coyote, despidiendo a Favard tras marcarle la oreja
📚 Capítulos
Capítulo I — «Los riesgos de un conspirador»
En la Ciudad de Méjico, el proscrito don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes sobrevive a una emboscada nocturna orquestada por el coronel Méndez Picuña, jefe de policía que ocupa su mansión confiscada y quiere asegurarse de que nadie reclame jamás la herencia. El coronel encarga el asesinato a su ayudante, el teniente Doroteo Favard, prometiéndole cien mil pesos que en secreto nunca piensa pagarle.
Capítulo II — «La huida necesaria»
Don Pedro escapa de una segunda encerrona gracias a Balbino Jurado, antiguo peón convertido en soldado, que degüella a un centinela para salvarlo. Ambos huyen de Méjico en la diligencia de don Anselmo Zurutuza, quien falsifica los nombres de los pasajeros para despistar a la policía.
Capítulo III — «Los compadres»
La diligencia es asaltada por una pintoresca banda de bandoleros de hablar castizo, cuyo jefe muestra un respeto inusual hacia las damas del coche y se lleva a don Pedro y Balbino como prisioneros hacia el norte, en circunstancias que despiertan la extrañeza del propio protagonista.
Capítulo IV — «Persiguiendo al fugitivo»
Se revela que el «secuestro» de los compadres fue en realidad orquestado por don Anselmo para salvar a don Pedro de los cincuenta soldados enviados por Favard. El teniente, tras dar descanso a sus hombres en Querétaro, continúa solo la persecución con una escolta de dragones que se niega a seguir a los bandidos hasta sus escondites.
Capítulo V — «Los dos cautivos»
Los compadres conducen a don Pedro y Balbino, tras una larga cabalgada nocturna, hasta un ranchito donde los espera un enviado de confianza de don Anselmo, que revela el engaño y guía a los dos fugitivos hacia la frontera norte, camino de Arizona y California.
Capítulo VI — «Eran dos»
Tras cruzar la frontera por Nogales, don Pedro y Balbino llegan a la misión de San Xavier del Bac, donde el posadero Felipe y la novelista Kathryn Sneesby, que ya conocieron a El Coyote disfrazado de «don Pedro» en la aventura anterior, lo confunden con el enmascarado, desatando una serie de equívocos cómicos. Esa noche, un pistolero —Favard, que ha seguido la pista en solitario— intenta matarlo desde el balcón, pero Kathryn lo ahuyenta a tiros.
Capítulo VII — «Una idea para Doroteo Favard»
El narrador reivindica la inteligencia real del pueblo mejicano frente a los tópicos de la literatura anglosajona, y sitúa a Favard como un hombre mucho más astuto de lo que parece: al escuchar por azar la confidencia de don Pedro sobre su herencia californiana, decide no matarlo, sino extorsionar a su administrador, Thomas Holgate, y viaja a Los Ángeles bajo el nombre falso de «Matías Calderón».
Capítulo VIII — «Una sospecha confirmada»
Favard confronta a Holgate y descubre que fue él quien denunció a don Pedro ante la policía mejicana para no perder el control de sus tierras. Lo chantajea por cincuenta mil dólares, pero El Coyote, que ha estado observando, se presenta en el cuarto de Favard, lo desarma marcándole la oreja de un disparo y le arrebata el documento comprometedor, dejándole a cambio cien dólares «como premio a su valor».
Capítulo IX — «La justicia del Coyote»
Holgate tiende una emboscada a «Calderón» que Favard sobrevive fingiéndose muerto, abatiendo a varios atacantes con una puntería fulminante. Al día siguiente descubre que «Calderón» ya cobró los cincuenta mil dólares en el banco. Cuando el auténtico don Pedro se presenta en su casa, Holgate sospecha de un impostor y persigue un coche que resulta ir vacío: el cochero era Timoteo Lugones disfrazado, y el «don Pedro» de la visita, una vez más, El Coyote. La novela se cierra con don César, ya sin disfraz, comentando junto a los suyos la rareza de haber topado al fin con el auténtico don Pedro Celestino, y aplazando el desenlace de su encuentro para la próxima entrega.
🎭 Temas y estilo
- El doble como motor narrativo: por primera vez en la saga, la identidad prestada de El Coyote —el «don Pedro» ficticio— se cruza con la existencia real de la persona suplantada, generando una comedia de equívocos sostenida durante media novela.
- La reivindicación histórica de México: el capítulo VII interrumpe la acción con una defensa explícita, en voz del narrador, de la inteligencia y la dignidad del pueblo mejicano frente a los estereotipos de «opereta» de cierta literatura extranjera.
- La lealtad frente a la traición como espejo de personajes: Balbino Jurado, que perdona un antiguo agravio y arriesga la vida por su antiguo patrón, se contrapone a Thomas Holgate, que traiciona al suyo por conservar el control de sus tierras.
- El villano ambiguo y pragmático: Doroteo Favard no es un secuaz plano, sino un antagonista calculador que cambia de bando según la conveniencia, y a quien El Coyote trata con un respeto irónico reservado a los adversarios inteligentes.
- El humor como contrapunto: el regreso de la estrafalaria Kathryn Sneesby, empeñada en convertir la aventura en material novelesco, aligera el tono de una trama que combina intriga política, persecución y ajuste de cuentas financiero.
📎 Notas
La «Advertencia» que abre la novela es un raro caso, dentro de la saga, de aclaración explícita del autor al lector: previene que la acción mejicana de esta entrega comienza bastante antes que Eran siete hombres malos, aunque enlaza con su final, y subraya que el «don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes» de aquella novela era en realidad El Coyote disfrazado, mientras que el de esta es el personaje auténtico.
La identidad prestada se explica retrospectivamente en el desenlace: El Coyote adoptó el rostro y el nombre de don Pedro a partir de un retrato robado de la casa de doña Veneranda Shelton (de soltera, Carvajal) tras la muerte de esta, aprovechando el parecido de edad y estatura entre ambos. La herencia californiana de don Pedro —heredada, a su vez, de esa misma tía— y su administrador, Thomas Holgate, quedan así ligados de forma natural a la infraestructura habitual de tapaderas de El Coyote en la región de Los Ángeles.
La novela termina en un auténtico cliffhanger, sin resolver el encuentro entre el don Pedro real y El Coyote, ni las consecuencias que tendrá para Thomas Holgate y para el propio Favard: un planteamiento en dos tiempos que enlaza directamente con la siguiente entrega de la colección.






