Tercera entrega consecutiva protagonizada por el mismo antagonista, Robert Toombs, tras «Guadalupe» (Nº 57) y «El rescate de Guadalupe» (Nº 58), caso único hasta la fecha en la colección de un villano que sostiene una trilogía completa de enfrentamientos con El Coyote.
🗺️ Sinopsis
Robert Toombs, superviviente de su derrota en «El rescate de Guadalupe» y fiel a su juramento de venganza, reaparece en Arizona y localiza a su antiguo cómplice forzoso Juan Nepomuceno Mariñas, «El Diablo», ahora reformado y instalado como próspero ranchero bajo el nombre de don Roberto Cifuentes, casado con la antigua princesa Irina. Toombs le extorsiona dinero recordándole su pasado común, y con él comienza a reconstruir una banda, reclutando a dos nuevos secuaces, Corto y Largo, y a una antigua conocida, Lindy La Follette. Para financiar una operación de mayor alcance, Toombs monta además un fraude ganadero en connivencia con el financiero Frank Proctor y asalta el Banco Federal de Phoenix, asesinando a varios testigos, entre ellos un antiguo conocido de la guerra convertido en cajero del banco, que le había reconocido.
En paralelo, en el rancho de San Antonio se desarrolla una trama más amable: el sargento Óscar Kimball corteja a Mercedes Ribalta, hija del hacendado don Sancho Ribalta, cuya aparente oposición al noviazgo resulta ser, como el propio don Sancho confiesa a don César, una calculada estratagema para intensificar la pasión de los enamorados. Mientras tanto, corren por la región rumores de cuadrillas de hombres armados que se agrupan de forma sospechosa al norte, sur y este de Los Ángeles, inquietud que se disipa momentáneamente con los preparativos de la gran fiesta de dos semanas que don César de Echagüe organiza en honor de su esposa Guadalupe, para celebrar la reciente confirmación de la herencia de esta.
Durante la primera noche de la fiesta, con casi toda la población californiana y gran parte de la guarnición del fuerte Moore reunida en el rancho, Irina advierte en privado a Guadalupe y a don César que Robert Toombs conoce la celebración —por haber interceptado la carta de invitación— y que puede intentar algo contra ellos. Para distraer con una falsa denuncia a las fuerzas que quedan en Los Ángeles, Toombs envía a Corto a avisar al sargento Kimball de que el bandido «El Diablo» se oculta, bajo el nombre de Cifuentes, entre los invitados a la fiesta; Kimball, deseoso de ascender, acude de inmediato al rancho con quince soldados, dejando el fuerte prácticamente desguarnecido. A medianoche, mientras la fiesta continúa con un episodio costumbrista protagonizado por el viejo peón Apolinar, que canta la Charrita Chicolera bailada por Lupe con un enmascarado que se hace pasar por El Coyote (en realidad el posadero Ricardo Yesares, agotado tras el esfuerzo), Toombs, Largo y Corto —ayudados por Lindy— reducen al sheriff y a sus comisarios, los encierran esposados en su propia cárcel y hacen estallar con dinamita el Banco Emigh de Los Ángeles.
El coronel O’Brien, que ha acudido a la fiesta junto a sus oficiales, debe además afrontar un incidente diplomático cuando Kimball denuncia abiertamente a Cifuentes como El Diablo: el abogado José Covarrubias y el juez Murrat, invocando la falta de orden judicial, frustran la detención y humillan al coronel ante los invitados. Poco después llegan las noticias decisivas: aprovechando que toda la región estaba reunida en la fiesta y desguarnecida, docenas de cuatreros han asaltado simultáneamente todas las haciendas de los alrededores, arrasando el ganado; en la hacienda Ribalta, la única que opuso resistencia armada, don Sancho ha muerto de un disparo a traición. O’Brien, recuperando la autoridad, impide por la fuerza que los hacendados —encabezados por el colérico don Goyo Paz— salgan a perseguir a los ladrones por su cuenta, reteniéndolos como rehenes de las circunstancias dentro del propio rancho.
Don César, para evitar verse arrastrado a una persecución mal organizada y condenada al fracaso, interpreta ante todos el papel de hacendado cínico y egoísta, despreciando abiertamente el dolor de sus amigos y de la propia Mercedes Ribalta, que le rechaza con desprecio tras la muerte de su padre. Fingiéndose después gravemente enfermo —con la complicidad de Lupe y del doctor García Oviedo, que le suministra un narcótico y confirma ante los invitados el falso diagnóstico—, don César se escabulle del rancho convertido en El Coyote mientras Yesares ocupa su lecho para sostener el engaño. El coronel O’Brien, por su parte, organiza una audaz persecución ferroviaria: dos trenes, uno con soldados y otro con los caballos, se lanzan tras los cuatreros siguiendo la vía en construcción hacia Pomona. Toombs, que ha previsto exactamente esta maniobra, hace volar con dinamita el puente sobre el río Musgos y sella con un desprendimiento la salida del túnel inmediato, atrapando al primer tren, y masacra casi por completo a los ocho hombres del segundo, dejando por muerto al propio sargento Kimball, que sobrevive por pura casualidad bajo los cadáveres de sus compañeros.
Mientras los bandidos remontan el valle con el ganado robado, Lindy La Follette, revisando a escondidas las alforjas de Toombs, descubre entre las joyas sustraídas el camafeo de su propia hermana, Joan La Follette, supuestamente asesinada años atrás por tropas de la Unión: la prueba le revela que fue el propio Toombs quien mató a sus hermanos para robarles sus joyas, y no el enemigo de la guerra, como ella había creído siempre. Kimball, aturdido pero vivo, es socorrido por El Coyote, que había seguido en solitario la pista de los cuatreros desde el principio; el enmascarado le encomienda alertar a Mateo Luján y a los hacendados retenidos en el rancho de que el verdadero destino de la cuadrilla son los montes Chocolate, paso hacia Arizona donde el ganado quedaría fuera del alcance de toda ley, y reemprende, solo, la persecución de Robert Toombs, consciente de que el desenlace de la lucha que se avecina está lejos de estar decidido.
🕰️ Contexto histórico
La trama se sitúa en los años de expansión ferroviaria del sur de California, con la construcción efectiva de la línea hacia Salt Lake City a través de Pomona, Riverside y San Bernardino, cuyo trazado permite a O’Brien improvisar una persecución a bordo de trenes de material, anticipo tecnológico de los sistemas de transporte militar que sustituirían progresivamente a la caballería. La novela retrata también, con cierto detalle técnico, la ametralladora Gatling del fuerte Moore, arma de época cuya fiabilidad desigual —«la menor alteración en la cadencia… la encasquillaba»— se describe con realismo. En el trasfondo persiste la huella de la Guerra de Secesión: Robert Toombs, antiguo guerrillero confederado, sigue siendo un fugitivo buscado años después del final del conflicto, figura recurrente en la literatura popular sobre el Oeste de aquella época. La novela retrata asimismo, con su habitual mirada crítica, la tensión entre la vieja aristocracia californiana y la nueva administración angloamericana: el choque entre la autoridad militar del coronel O’Brien y el imperio de la ley civil, defendido por el abogado Covarrubias y el juez Murrat, ilustra el tránsito, no siempre pacífico, hacia un Estado de derecho que sustituye tanto a la «Ley de Lynch» como a la arbitrariedad militar heredada de los tiempos de guerra. El episodio de la fiesta, con su mezcla festiva de peones, criados e hacendados, y el comentario reprobador de las damas norteamericanas ante dicha mezcla social, retrata con nitidez el característico contraste de costumbres entre la sociedad californiana tradicional y los recién llegados del Este.
👥 Personajes
- El Coyote / Don César de Echagüe: En esta entrega, don César despliega su faceta más teatral y cínica: humilla deliberadamente a sus propios amigos fingiéndose un hacendado egoísta e indiferente al desastre colectivo, para evitar verse arrastrado a una persecución vigilante que arruinaría los planes de El Coyote. Finge además una grave enfermedad, con la complicidad de su esposa y del doctor García Oviedo, para escabullirse del rancho y perseguir en solitario a Robert Toombs, en una cacería cuyo resultado queda abierto al cierre de la novela.
- Guadalupe de Echagüe (Lupe): Convertida ya plenamente en la señora del rancho de San Antonio, Lupe debe sortear con diplomacia los envenenados comentarios de Dorotea de Villavicencio sobre su humilde origen, defendiendo con dignidad la memoria de su madre. Idea además, con sangre fría, el engaño del narcótico que permite a su marido escapar convertido en El Coyote sin levantar sospechas entre los invitados.
- Robert «Bob» Toombs: De regreso por tercera entrega consecutiva, Toombs culmina aquí su reconstrucción como cabecilla de una operación criminal de gran escala: extorsiona a su antiguo cómplice Mariñas, asalta un banco, organiza un golpe coordinado de cuatrerismo contra toda una comarca aprovechando la fiesta como distracción, y tiende una emboscada mortal con dinamita a las tropas que lo persiguen. Su crueldad calculada se confirma cuando Lindy descubre que asesinó a los hermanos de esta para robarles sus joyas.
- Juan Nepomuceno Mariñas «El Diablo» / don Roberto Cifuentes: Antiguo bandido, ya reformado y convertido en respetado ranchero bajo identidad falsa, es de nuevo víctima de la extorsión de Toombs al principio de la novela y, durante la fiesta, objeto de una denuncia pública por parte del sargento Kimball que pone en peligro su nueva vida, de la que se salva gracias a la intervención legal de Covarrubias y el juez Murrat.
- Irina: Esposa de Mariñas y antigua princesa, recurrente en la saga, advierte discretamente a Guadalupe y a don César de que Toombs conoce la fiesta y puede intentar algo contra ellos, demostrando de nuevo una lealtad genuina hacia la familia Echagüe pese a su pasado turbio y a su delicada posición como esposa de un bandido redimido.
- Sargento Óscar Kimball: Pretendiente de Mercedes Ribalta, cae ingenuamente en la trampa de la falsa denuncia de Corto, lo que le hace abandonar el fuerte Moore casi desguarnecido justo antes del golpe de Toombs. Sobrevive por puro azar a la emboscada del tren, en la que mueren casi todos sus compañeros, y es rescatado por El Coyote, que le confía la misión de alertar a los hacendados retenidos en el rancho sobre el verdadero destino de los cuatreros.
- Mercedes Ribalta: Hija de don Sancho Ribalta, corteja con Kimball un noviazgo que su propio padre fomenta en secreto mediante una falsa oposición. Queda huérfana al ser asesinado su padre durante el asalto a la hacienda familiar, y rechaza con amargo desprecio las condolencias de don César, a quien cree auténticamente indiferente ante la tragedia.
- Don Sancho Ribalta: Hacendado que revela a don César que su aparente oposición al noviazgo de su hija con el sargento Kimball era solo una estratagema para intensificar el amor entre ambos. Muere defendiendo su hacienda, la única que opone resistencia armada al golpe coordinado de los cuatreros de Toombs.
- Coronel O’Brien: Jefe de la guarnición del fuerte Moore, representa en esta novela a una autoridad militar progresivamente más capaz y serena: tras ser humillado dos veces en público —al intentar detener sin orden judicial a Cifuentes y al ser engañado por la falsa denuncia que vacía el fuerte—, recupera el control de la situación organizando con inteligencia la persecución ferroviaria e imponiendo con firmeza la ley sobre el impulso vigilante de los hacendados.
- Lindy La Follette: Antigua conocida de Toombs reclutada al inicio de la novela para ayudarle a entregarse falsamente al sheriff de Los Ángeles como cebo de una encerrona. Durante la persecución final descubre entre las joyas robadas por Toombs el camafeo de su hermana Joan, asesinada años atrás, revelación que la confronta con la verdadera naturaleza criminal de su cómplice.
- Corto y Largo: Nuevos secuaces de Robert Toombs, de muy distinta estatura y carácter: Largo, más reflexivo y aprensivo, dirige la voladura del Banco Emigh; Corto, más resuelto, protagoniza el engaño que atrapa al sheriff de Los Ángeles y la falsa denuncia que aparta a Kimball y sus soldados del fuerte justo antes del golpe.
- Frank Proctor: Financiero cómplice de Toombs en un fraude ganadero que sirve para blanquear y multiplicar el producto de sus robos, mencionado como pieza clave de la operación financiera que sostiene la reconstrucción de la banda tras la derrota narrada en «El rescate de Guadalupe».
- Dorotea de Villavicencio: Antigua pretendiente despechada de don César, reaparece en la fiesta para hostigar socialmente a Guadalupe recordándole su humilde ascendencia materna, episodio que remite directamente a un incidente de una novela anterior de la colección.
- Don Goyo (Gregorio) Paz, Mateo Luján, Justo Hidalgo y Teodomiro Mateos: Hacendados vecinos de don César, representantes del impulso vigilante californiano: indignados por el robo de su ganado y la muerte de don Sancho, pretenden organizar una partida de castigo al margen de la ley, actitud que el coronel O’Brien debe reprimir por la fuerza, y que don César desalienta deliberadamente fingiéndose cobarde e indiferente.
- José Covarrubias y el juez Murrat: Abogado y juez californianos que, invocando la falta de orden judicial, frustran por vía estrictamente legal el intento del coronel O’Brien de detener a Mariñas sin pruebas, en una de las escenas más satíricas de la novela sobre el choque entre autoridad militar y Estado de derecho.
- Ricardo Yesares: Antiguo posadero y viejo colaborador de la familia Echagüe, vuelve a hacer de doble de El Coyote durante la fiesta —bailando con Lupe la Charrita Chicolera— para sostener la leyenda del enmascarado mientras don César se encuentra presente entre los invitados, recurso narrativo ya empleado en entregas anteriores de la colección.
- Apolinar y Gertrudis; John Quincy Wrey Brutton y June: Personajes costumbristas de la fiesta: el viejo peón Apolinar, avivado por el aguardiente de maguey, protagoniza el duelo cantado de la Charrita Chicolera con el supuesto Coyote, mientras el matrimonio bostoniano Wrey Brutton aporta el contrapunto cómico de la mirada extranjera, asombrada y algo escandalizada, ante las costumbres californianas.
Portadas






✨ Frase característica
«Considero amigos a cuantos no son mis enemigos.»
— El Coyote, respondiendo al coronel O’Brien durante el brindis en la fiesta del rancho de San Antonio
📜 Citas y proverbios
- «Los perros ladran a la luna porque no la pueden alcanzar con los colmillos. ¿No prefieres ser envidiada? ¿Te gustaría más ser la envidiosa?» — don César a Guadalupe, tras el enfrentamiento de ésta con Dorotea de Villavicencio
- «Nadie obra desinteresadamente en esta vida. El santo es santo porque aspira al inmenso bien de la salvación eterna. Si así se portan los mejores, ¿cómo se van a portar los que no llegan a santos?» — don César de Echagüe, provocando deliberadamente a sus invitados en la fiesta
- «Todo está previsto en mi cerebro. El trabajo de cada grupo es muy sencillo. Lo difícil es manejar a todos los grupos.» — Robert Toombs, explicando a Largo el plan coordinado del golpe contra Los Ángeles
- «Nunca habrán imaginado esos bandidos que los caballos de hierro son más veloces que los de carne y hueso.» — el coronel O’Brien, confiado, momentos antes de caer en la emboscada de Toombs en el puente del río Musgos
- «El Destino tenía reservada para Óscar Kimball una oportunidad de triunfar. Y los predilectos del Destino no encuentran nunca obstáculo a su paso.» — el narrador, antes de que la fortuna juegue una doble carta con el sargento Kimball
- «¡Arrejúntate, charrita chicolera! Mi sarape ya nos sabe muchas mañas…» — copla de la Charrita Chicolera, cantada por el viejo Apolinar durante el baile de Lupe con el supuesto Coyote
📚 Capítulos
Capítulo primero — «Un mensaje para un viejo amigo»
Robert Toombs, fugitivo tras su derrota narrada en «El rescate de Guadalupe», reaparece en Arizona y extorsiona a su antiguo cómplice forzoso Juan Nepomuceno Mariñas, ahora reformado bajo el nombre de don Roberto Cifuentes, reclamándole dinero para rehacer su banda.
Capítulo II — «Dos balas perdidas»
Toombs recluta a dos nuevos secuaces, Corto y Largo, y comienza a tejer los primeros hilos de la operación criminal que planea contra la región de Los Ángeles.
Capítulo III — «Un robo en Phoenix»
La banda asalta el Banco Federal de Phoenix. Entre las víctimas del golpe figura un antiguo conocido de la guerra, convertido en cajero del banco, que reconoce a Toombs y es asesinado para evitar que hable.
Capítulo IV — «Honor entre bandidos»
Con el producto del robo, Toombs financia, en connivencia con el especulador Frank Proctor, un fraude ganadero destinado a blanquear el dinero y sostener la reconstrucción de su cuadrilla.
Capítulo V — «Un soldado»
En el rancho de San Antonio se desarrolla el noviazgo entre el sargento Óscar Kimball y Mercedes Ribalta. Una referencia al fray Jacinto, fallecido en una entrega anterior, recuerda al lector los lazos de la familia Echagüe con sucesos pasados de la colección.
Capítulo VI — «Don Sancho»
Don Sancho Ribalta confiesa a don César que su aparente oposición al noviazgo de Kimball con su hija era solo una estratagema para avivar el amor entre ambos, mientras corren rumores de cuadrillas armadas que se agrupan de forma sospechosa en torno a Los Ángeles.
Capítulo VII — «Fiesta»
Comienza la gran fiesta de dos semanas organizada por don César en honor de Guadalupe. En plena celebración, la princesa Irina advierte en privado a Lupe y a don César que Robert Toombs conoce la fiesta y puede intentar algo contra ellos.
Capítulo VIII — «Tres forasteros en Los Ángeles»
Toombs, Corto y Largo ultiman en Los Ángeles —vaciada de californianos por la fiesta— el golpe coordinado: Corto engaña al sargento Kimball con una falsa denuncia sobre «El Diablo» para vaciar el fuerte Moore, mientras Toombs y Largo reducen al sheriff, lo encierran en su propia cárcel con sus comisarios y preparan la voladura del Banco Emigh.
Capítulo IX — «Una velada divertida»
En el rancho, Dorotea de Villavicencio hostiga socialmente a Guadalupe por su origen humilde. El viejo Apolinar canta la Charrita Chicolera bailada por Lupe con un enmascarado que se hace pasar por El Coyote (en realidad Ricardo Yesares), y el sargento Kimball irrumpe denunciando a Cifuentes como El Diablo, denuncia que el abogado Covarrubias y el juez Murrat frustran por falta de orden judicial. En ese momento estalla a lo lejos la dinamita del Banco Emigh.
Capítulo X — «El fin de una divertida velada»
Llegan al rancho las noticias del golpe coordinado: todas las haciendas de la comarca han sido desvalijadas de su ganado y don Sancho Ribalta ha muerto defendiendo la suya. El coronel O’Brien impide por la fuerza que los hacendados, encabezados por don Goyo Paz, salgan a perseguir a los ladrones por su cuenta. Don César, fingiéndose cínico e indiferente para evitar la persecución vigilante, es repudiado por sus amigos y rechazado por Mercedes Ribalta, y después se escabulle del rancho convertido en El Coyote, fingiendo con ayuda de Lupe y del doctor García Oviedo una grave enfermedad.
Capítulo XI — «Astucia contra inteligencia»
El coronel O’Brien organiza una persecución ferroviaria de los cuatreros. Toombs, que ha previsto la maniobra, destruye con dinamita el puente y el túnel del río Musgos, aniquilando a la mayor parte de la tropa. Lindy La Follette descubre entre las joyas robadas el camafeo de su hermana asesinada por Toombs. El sargento Kimball, superviviente por azar, es socorrido por El Coyote, que le envía a avisar a los hacendados retenidos en el rancho de que los cuatreros se dirigen a los montes Chocolate, y reemprende en solitario la persecución de Robert Toombs, con un desenlace que la novela deja deliberadamente abierto.
🎭 Temas y estilo
- Robert Toombs se consolida como el único antagonista de toda la colección capaz de sostener una trilogía completa de enfrentamientos (Nº 57, 58 y 59), un grado de continuidad narrativa excepcional dentro de un formato pensado originalmente para aventuras autoconclusivas.
- El recurso del doble o «decoy» del Coyote —aquí encarnado de nuevo por Ricardo Yesares durante el baile de la fiesta— reaparece como mecanismo narrativo recurrente de la saga para sostener la leyenda del enmascarado mientras don César permanece visible entre los invitados.
- La novela construye un contraste deliberado entre dos tramas simultáneas de muy distinto tono: la ligereza costumbrista de la fiesta, el cortejo de Kimball y Mercedes, y las pullas sociales de Dorotea de Villavicencio, frente a la fría planificación militar del golpe de Toombs, que estalla precisamente cuando la primera trama alcanza su punto más amable.
- La sátira sobre la autoridad —tanto la militar del coronel O’Brien como la vigilante de los hacendados encabezados por don Goyo Paz— se resuelve, una vez más, a favor del imperio de la ley civil, representada por el abogado Covarrubias y el juez Murrat, tema recurrente en la colección desde la anexión estadounidense de California.
- El cierre, protagonizado por una persecución en solitario cuyo resultado «no era fácil de prever», prolonga la tendencia iniciada en «Guadalupe» y «El rescate de Guadalupe» de sustituir el desenlace triunfal clásico por finales abiertos que incentivan la continuidad de la saga.
- La inusual dedicatoria a un lector concreto, agradeciéndole «su idea», es un raro testimonio del diálogo directo entre Mallorquí y su público, y sugiere que la propia premisa de la novela —el regreso vengativo de Toombs contra la familia Echagüe— pudo originarse en una sugerencia de los lectores de la colección.
📎 Notas
El texto original incluye tres notas a pie de página. La primera remite, a propósito de la reaparición de Robert Toombs, a las novelas Nº 57 («Guadalupe») y Nº 58 («El rescate de Guadalupe»), confirmando que esta entrega cierra —o, dado su final abierto, continúa— la trilogía de Toombs. La segunda, vinculada al recuerdo del fray Jacinto durante el capítulo V, remite a la novela «Los servidores del Círculo Verde» (Nº 55), donde dicho personaje encontró la muerte. La tercera, asociada al pasado conflictivo entre Dorotea de Villavicencio y don César evocado durante la fiesta, remite a la novela «La mano del Coyote», confirmando una vez más la cuidadosa continuidad interna que Mallorquí sostiene entre las entregas de la colección.
A diferencia del cliffhanger explícito de «Guadalupe» (Nº 57) —con los personajes femeninos secuestrados y El Coyote derrotado a pie en el desierto—, el final de esta novela es un desenlace abierto de tipo distinto: no hay rehenes pendientes de rescate, pero la persecución final entre El Coyote y Robert Toombs queda sin resolver, y el propio narrador advierte que «su desenlace no era fácil de prever». Se trata, por tanto, de una tercera fórmula de cierre no conclusivo dentro de la misma trilogía, que parece reservar expresamente un futuro reencuentro entre ambos personajes para una próxima entrega de la colección.
Con sus once capítulos, «Reunión en Los Ángeles» es la novela más extensa resumida hasta el momento en esta colección de resúmenes, y la que despliega el mayor número de tramas paralelas simultáneas: la reconstrucción criminal de Toombs, el noviazgo de Kimball y Mercedes, los preparativos y el desarrollo de la fiesta, el golpe coordinado contra Los Ángeles y la persecución ferroviaria final.






