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El Coyote

El Coyote de José Mallorquí

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Novela nº 64: «De tal palo…»

«De tal palo…» es la novela número 64 de la saga de El Coyote, escrita por José Mallorquí. El título, truncado con puntos suspensivos, remite al refrán castellano «de tal palo, tal astilla» —título, a su vez, del capítulo IX, el corazón temático del relato— y anuncia desde la cubierta el verdadero asunto del libro: el paralelismo, la herencia y la distancia entre un padre que vive una doble vida con la prudencia de veinte años de oficio y un hijo que empieza a vivir la suya con el ímpetu, la torpeza y el coraje de la primera juventud.


🗺️ Sinopsis

Resuelto el enigma del petróleo del «Rancho de la T» —Walter Beaver ha muerto abrasado en la explosión del pozo artesiano, y El Cuervo (César de Echagüe hijo) y El Coyote han combatido codo con codo por primera vez—, César de Guzmán, Joao da Silveira y Juan Antonio de la Gándara se reencuentran con El Coyote en la pradera de San Ginés. El enmascarado californiano les confía, con su habitual mezcla de ironía y afecto paternal, una misión delicada: vigilar y proteger a El Cuervo sin que el muchacho lo sepa, pues su impulsividad y su falta de prudencia —«tiene más corazón que prudencia»— le han de meter en apuros que su valor solo no bastará para resolver. Guzmán y Silveira aceptan de buen grado, en parte por deuda de gratitud, en parte porque la vida errante y el peligro son su verdadera vocación.

Mientras El Cuervo cabalga hacia la frontera, la Hermandad de la Luciérnaga —escarmentada por la pérdida de más de seiscientos mil dólares y por el fracaso de su plan sobre las tierras de la señora de Ortega— se reúne en consejo. El cheque certificado de quinientos mil dólares que Brett Dickson arrebató a sus propios compinches, y que luego perdió frente a El Cuervo, sigue en paradero desconocido, y los Cinco Misteriosos encomiendan su recuperación a un hombre nuevo entre ellos: Solón Maller, un pistolero taciturno y sin esperanza, dotado de una extraña honradez dentro de su oficio de forajido. Maller, en realidad Sebastián Morales, acepta el encargo no por codicia, sino porque necesita dinero —medio millón de dólares— para rescatar a su hijo de un colegio correccional, el mismo infierno en que él mismo fue criado tras ver asesinar a sus padres.

El plan de la Luciérnaga avanza por dos frentes. Por un lado, Maller viaja a San Ginés a intentar, sin éxito, que la señora de Ortega firme un falso contrato de venta; la mujer, ya escarmentada, se niega y le remite al juez. Por otro, el propio jefe de la Hermandad —disfrazado como el tosco y pomposo «Rufus W. Adams», de Chicago— visita a don César de Echagüe en su hacienda. Entre un duelo de ironías sobre la pereza californiana y las prisas yanquis, Adams exige que el hacendado escriba a su hijo pidiéndole la devolución del cheque, amenazando con incendiar sus pozos de petróleo si se niega. Don César, representando a la perfección el papel de caballero indolente y asustadizo, escribe la carta dictada —pero, apenas Adams sale de la hacienda, se despoja de su mansedumbre, sigue al emisario a caballo, le arranca la peluca y la máscara de seda que ocultan su verdadero rostro, le quita la carta y le advierte que no vuelva a molestar ni a su hijo ni a él.

La acción se traslada al poblado minero de María Jesús, en la Baja California, donde El Cuervo —acompañado de Guzmán y Silveira— ha ido a parar. Allí actúan dos compañías rivales: el Teatro Principal, con las Luces de California (entre ellas María de los Ángeles Mayoz, antigua amiga de César), y el Teatro Globe, con la escandalosa Mary Mac Rae, actriz comprometida en secreto con la Luciérnaga por una deuda antigua de pozos de petróleo. Maller, reconocido por Guzmán como el fugitivo Sebastián Morales —«vivo o muerto, mejor muerto»—, es advertido de que se mantenga lejos de El Cuervo. Esa misma noche, sin embargo, Beverly Martín, el organizador contratado por Maller y Adams, provoca un tumulto deliberado en el Teatro Principal durante la actuación de las Luces de California: en la confusión, César es desarmado, registrado y detenido con la acusación falsa de haber promovido la reyerta, mientras Guzmán y Silveira son secuestrados aparte.

A la mañana siguiente, tanto María de los Ángeles —testigo involuntario, pero convencida de ayudar al joven— como Mary Mac Rae —por orden expresa de la Luciérnaga, que quiere ganarse la confianza del muchacho— declaran en su favor ante el juez Baldomero de Pedro, logrando su libertad. César, desairando sin querer a María de los Ángeles con una respuesta impertinente, se marcha a pasear con Mary Mac Rae, a quien corteja con una mezcla de ingenuidad fingida y auténtica fascinación. En el capítulo que da título a la novela, César regresa a su habitación del hotel y encuentra allí, disfrazado de viejo coronel mejicano, a su propio padre, que ha llegado en secreto a María Jesús. Entre bromas, reproches y una esgrima verbal que es, en el fondo, un espejo entre dos generaciones, don César exige el cheque, advierte a su hijo de la crueldad sin límites de la Luciérnaga y de la suerte incierta de Guzmán y Silveira, y recibe por respuesta la misma tozudez, el mismo gusto por el peligro y la misma vocación de doble vida que él mismo vivió a la edad de su hijo. César no entrega el cheque ni revela su escondite, y padre e hijo se despiden cuidándose mutuamente, cada uno fiel a su papel.

Entretanto, Sebastián Morales, atormentado por la deuda del corazón que la joven María de los Ángeles le reclama sin saberlo, le confiesa junto al río la historia completa de su vida: el asesinato de su esposa Diana Lascelles y del senador Taüber por un grupo de tramposos de su propia casa de juego, la trampa que le hizo pasar por asesino, el incendio de la cárcel que le permitió escapar, y la única pista que conserva de los verdaderos culpables —una cicatriz en forma de cruz en el dedo índice de uno de ellos—. María de los Ángeles, conmovida, promete ayudarle y pide a El Coyote, que la visita enmascarado esa misma noche, que interceda por Morales con dinero y protección.

Esa noche culmina la trama: César, convencido de proteger un documento que «cabe en un estuche de agujas de coser», le pide a Mary Mac Rae que lo guarde por unas horas; pero la actriz, por orden de Adams, le hace ir a su casa en vez de al teatro, donde le espera una encerrona de cinco hombres de la Luciérnaga, entre ellos Beverly Martín y el propio Sebastián Morales. César, aparentemente desarmado tras el registro, llevaba un quinto Derringer oculto entre las flores que había comprado para Mary; con él abate a Martín en el instante en que este intenta arrebatarle el canutillo de papel. Morales, al reconocer en uno de los enmascarados la cicatriz en forma de cruz que buscaba desde hacía años —el hombre que le hizo emborrachar la noche del asesinato—, grita el nombre de su esposa y es acribillado antes de poder vengarse. En la oscuridad y el tiroteo que siguen, Mary Mac Rae apaga la lámpara y entrega a César uno de sus propios revólveres, ayudándole a rechazar a los enmascarados, que huyen. El Coyote, que había sido encerrado por su propio hijo en un ropero del hotel —un ardid necesario para que el muchacho pudiera actuar sin la ayuda paterna—, llega a tiempo de recoger a un Morales agonizante, cuyas últimas palabras confirman que los tres enmascarados pertenecen a la Luciérnaga y suplican venganza. César, con el corazón endurecido por la muerte del hombre al que apenas conocía pero que había defendido a Mary con su vida, jura marcar con tres plumas negras a los culpables, mientras Morales, recobrando un último instante de lucidez, repite como un eco el número fatal: «Tres plumas… negras.»


🕰️ Contexto histórico

La novela se sitúa en los años posteriores a la Guerra de Secesión, en el entramado fronterizo entre la Alta y la Baja California, con escenarios que van del rancho de San Ginés al poblado minero de María Jesús. Mallorquí dedica buena parte del capítulo VI a una digresión histórica sobre este último pueblo: fundado por fray Diego Terrazas en 1773 con muros «más de fortaleza que de iglesia» —anticipo providencial de los terremotos que sacudirían el Sur de California—, permaneció ajeno al mundo exterior hasta la conquista norteamericana, descrita con fina ironía a través de la llegada de un destacamento yanqui que iza la bandera de las barras y las estrellas ante un alcalde que no entiende una palabra de inglés y un capitán que informa, falseando la realidad, de una recepción entusiasta. El descubrimiento posterior de oro, plata, cobre y petróleo transforma el pueblo en una ciudad dividida entre la parte antigua, de adobe y tradición hispana, y los nuevos barrios de madera, lona y hojalata, con dos teatros rivales —el Castellano y el Globe— que reflejan la convivencia, no siempre pacífica, entre la cultura hispanoamericana y la angloparlante: la escena de los espectadores norteamericanos escandalizados por Hamlet y por Fuenteovejuna, y de los hispanos ofendidos por los fantasmas de Shakespeare, es una de las páginas más divertidas y agudas de toda la saga sobre el choque cultural en el Oeste.

Siguen presentes el tejido de hermandades secretas del petróleo —La Luciérnaga y su rival Luz de Oriente— introducido en las dos novelas anteriores, así como la reciente aparición de El Cuervo como segundo héroe enmascarado de California, un desarrollo que Mallorquí empieza a explotar aquí no solo como recurso de acción, sino como estudio de caracteres: la novela convierte el contraste entre padre e hijo en el auténtico motor dramático del relato.


👥 Personajes

  • César de Echagüe y de Acevedo (don César / El Coyote): El hacendado californiano, en la cumbre de su doble vida de veinte años. En esta novela se mueve bajo dos disfraces simultáneos —el pomposo «Rufus W. Adams» de ficción dentro de su propia farsa ante la Luciérnaga, y el «viejo coronel mejicano» que visita a su hijo en María Jesús—, desplegando toda su astucia e ironía mientras intenta, sin lograrlo del todo, proteger a su hijo sin coartar su libertad.
  • César de Echagüe hijo (El Cuervo): El joven héroe enmascarado, en su segunda aventura documentada. Impulsivo, idealista y orgulloso de su independencia, se enfrenta sin ayuda a la Luciérnaga, corteja con ingenua sinceridad a Mary Mac Rae, y protagoniza el diálogo central de la novela con su padre, del que sale fortalecido en su determinación de seguir su propio camino.
  • Solón Maller / Sebastián Morales: El nuevo agente de la Luciérnaga, un pistolero sin esperanza cuya vida fue destruida por la calumnia y el asesinato de su esposa Diana Lascelles. Honesto dentro de su deshonra, trabaja para la Hermandad solo para reunir el dinero que rescate a su hijo de un colegio correccional. Muere en el capítulo final, acribillado al reconocer por fin al hombre de la cicatriz en forma de cruz que buscaba desde hacía años.
  • María de los Ángeles Mayoz: Cantante de las Luces de California, antigua amiga de César, ahora dividida entre un afecto fraternal hacia el muchacho y un interés creciente, turbado y sincero, por el atormentado Solón Maller, a quien escucha, consuela y trata de ayudar.
  • Mary Mac Rae: La actriz más célebre —y escandalosa— de Nueva York y Chicago, comprometida con la Luciérnaga por una vieja deuda de pozos de petróleo que la Hermandad «arregló» a su favor. Recibe el encargo de seducir a César para arrebatarle el cheque, pero sus sentimientos hacia el muchacho se vuelven auténticos, y termina ayudándole a defenderse durante la encerrona final.
  • Rufus W. Adams: Identidad bajo la que se oculta el jefe principal de los Cinco Misteriosos de la Luciérnaga, un hombre pomposo, impaciente y profundamente norteamericano en su desprecio hacia la «pereza» californiana. Es desenmascarado por El Coyote, que le arranca peluca y máscara de seda sin llegar a revelar, no obstante, su verdadera identidad.
  • Los Cinco Misteriosos: El consejo encapuchado que dirige la Hermandad de la Luciérnaga, enfrentado a sus propios fracasos financieros y a la amenaza de perder apoyos frente a la rival Luz de Oriente. Discuten con aspereza las decisiones de su jefe, pero acaban obedeciéndolas.
  • Beverly Martín: Antiguo jefe de una guerrilla confederada, contratado por Maller para organizar hombres «dispuestos a todo». Astuto, cruel y de aspecto bonachón, provoca el tumulto del Teatro Principal y muere en la encerrona final, abatido por el Derringer que César escondía entre las flores.
  • César de Guzmán y Joao da Silveira: Los dos viejos pistoleros, antiguos miembros de «Los Tres», que aceptan la petición de El Coyote de vigilar a El Cuervo sin que el muchacho lo sepa. Son secuestrados por la Luciérnaga durante el tumulto del teatro y permanecen, al cierre de la novela, en paradero desconocido.
  • Juan Antonio de la Gándara: Heredero del «Rancho de la T» y de la fortuna petrolífera descubierta en la novela anterior, aquí en papel secundario: El Coyote le encarga proteger a la señora de Ortega y a su hija de las ofertas fraudulentas que, en efecto, no se demoran en llegar.
  • Baldomero de Pedro: El juez de María Jesús, hombre sagaz y de humor sereno, que pone en libertad a César tras las declaraciones de María de los Ángeles y Mary Mac Rae, sin dejar de sospechar que algo más se oculta detrás del incidente del teatro.

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✨ Frase característica

«Vivo dos vidas, y en cuanto dejara de vivir la vida que me permite llevar el rostro descubierto, se sabría quién es El Coyote.»

— El Coyote, explicando a Guzmán y Silveira por qué necesita que protejan a su hijo sin que este lo sepa, en una confesión que resume el precio íntimo de veinte años de doble vida.

📜 Citas y proverbios

  • Tienen alma de proscritos y corazón de sheriffs. — El Coyote, a Guzmán y Silveira
  • Como oveja que hubiera dado a luz un lobo. — El Coyote, sobre don César de Echagüe y su hijo El Cuervo
  • A nuestros hijos los bautizamos con el nombre nuestro […] Pero llamarse Rufus… ¡Jesús! Suena a gato. — Don César, fingiéndose indolente ante «Rufus W. Adams»
  • Nadie se olvida de que un fracaso se puede compensar con un éxito rotundo. Si no podemos recuperar aquellas tierras por las buenas, las conquistaremos por las malas. — El jefe de los Cinco Misteriosos
  • Un hombre sin esperanza. — El jefe de la Luciérnaga, describiendo a Solón Maller
  • No hay dolor que dure cien años. — María de los Ángeles Mayoz, a Solón Maller
  • De haber tenido más sentido común, hubiera aceptado aquella tabla de salvación para dedicarme luego a buscar al hombre que podía devolver a mi esposa el buen nombre que le habían quitado. — Sebastián Morales, relatando su historia
  • ¿Crees que tus alas ya te permiten volar solo? […] Te darás algún coscorrón. Eso me hará más prudente. — Don César y su hijo César, en el diálogo del capítulo IX
  • Como el que tú elegiste cuando tenías mi edad, sin que nadie te ayudara, porque nadie sabía lo que hacías ni que tú eras El Coyote. — César hijo, a su padre
  • No volveré a intentar una cosa así. […] Pero a mi padre le gusta demasiado entrometerse en mis asuntos. Quiere ayudarme siempre. — César hijo, tras encerrar a su padre disfrazado en un ropero
  • Tres plumas… negras. — Sebastián Morales, agonizante, confirmando el número de enmascarados que deberán pagar su muerte

📚 Capítulos

Capítulo I — «Un ruego del Coyote»

César de Guzmán, Silveira y Juan Antonio de la Gándara, de regreso a San Ginés, se encuentran con El Coyote, que les confirma que las tierras del Rancho de la T ocultan petróleo y que Walter Beaver ha muerto en la explosión del pozo. El enmascarado pide a los dos pistoleros errantes que vigilen y protejan a su «protegido», El Cuervo, sin que el muchacho lo sepa, confesando de paso el precio de su doble vida.

Capítulo II — «Otra vez los Cinco Misteriosos»

El consejo de la Luciérnaga, furioso por la pérdida de más de seiscientos mil dólares, discute cómo recuperar el cheque certificado de medio millón que anda en paradero del Cuervo. El jefe encomienda la misión a un hombre nuevo, Solón Maller, cuyo pasado trágico queda esbozado entre los propios encapuchados.

Capítulo III — «Solón Maller»

Se narra la infancia y juventud de Sebastián Morales: el asesinato de sus padres, su reclusión en un colegio correccional, su regreso a Perales y, finalmente, los hechos —solo insinuados aquí— que le llevaron a adoptar una identidad falsa y a entrar al servicio de la Luciérnaga.

Capítulo IV — «Don César se entrevista con una luciérnaga»

El jefe de la Hermandad, disfrazado de «Rufus W. Adams», visita a don César en su hacienda y, tras un duelo verbal lleno de ironía sobre la pereza californiana, le obliga a escribir una carta exigiendo a su hijo la devolución del cheque, bajo amenaza de incendiar sus pozos de petróleo.

Capítulo V — «Un gusano de luz atrae al Coyote»

El Coyote intercepta a Adams en el camino, le arranca la peluca y la máscara de seda que ocultan su verdadero rostro, le arrebata la carta y le advierte que no vuelva a amenazar ni a don César ni a su hijo, dejando al jefe de la Luciérnaga humillado y lleno de sed de venganza.

Capítulo VI — «María de los Ángeles»

Extensa semblanza histórica del poblado minero de María Jesús, en la Baja California, y presentación de las rivalidades teatrales del lugar. Maller llega siguiendo a El Cuervo y se enfrenta, en el jardín del Teatro Principal, a un desafiante César de Guzmán, que le reconoce como Sebastián Morales. María de los Ángeles Mayoz, antigua amiga de César, interviene para evitar un duelo y acaba conversando con Maller sobre el sentido de la vida y de la muerte.

Capítulo VII — «Mary Mac Rae»

Se presenta a la actriz Mary Mac Rae, comprometida con la Luciérnaga por una deuda de pozos de petróleo, a quien Adams encarga seducir a César para recuperar el cheque. Beverly Martín organiza un tumulto en el Teatro Principal durante la actuación de las Luces de California, en cuya confusión César es desarmado y detenido, mientras Guzmán y Silveira son secuestrados aparte.

Capítulo VIII — «Las vacilaciones de María de los Ángeles»

María de los Ángeles, inquieta por lo sucedido, decide declarar en favor de César ante el juez Baldomero de Pedro; allí se encuentra con Mary Mac Rae, que declara con idéntico propósito por orden de la Luciérnaga. El juez, intrigado por las dos declaraciones espontáneas, pone a César en libertad, que desaira sin querer a María de los Ángeles con una respuesta impertinente.

Capítulo IX — «De tal palo, tal astilla»

César pasea y se declara a Mary Mac Rae, que empieza a sentir por él un afecto sincero pese a sus órdenes. De vuelta en su habitación, César encuentra a su padre disfrazado de viejo coronel mejicano: el diálogo entre ambos, lleno de ironía, reproches y mutuo reconocimiento, es el corazón temático de la novela, pues revela hasta qué punto el hijo ha heredado del padre no solo el valor y la puntería, sino el gusto por la doble vida y el peligro.

Capítulo X — «Una confesión»

Solón Maller confiesa a María de los Ángeles, junto al río, la historia completa de su desgracia: el asesinato de su esposa Diana Lascelles y del senador Taüber, la trampa que le incriminó, el incendio de la cárcel que le permitió huir, y su obsesión por encontrar al hombre de la cicatriz en forma de cruz. Esa misma tarde, El Coyote visita a María de los Ángeles y acepta interceder por Morales, mientras don César, aún disfrazado, desarma y encierra brevemente a su propio hijo —sin que este lo reconozca a tiempo— para evitarle un peligro que cree inminente.

Capítulo XI — «Una cruz en el dedo índice»

César entrega a Mary Mac Rae el cheque escondido en un canutillo de papel, sin saber que ella debe entregarlo a la Luciérnaga; pero la actriz, ya enamorada de él, intenta advertirle del peligro. En su casa le espera una encerrona de cinco hombres, entre ellos Beverly Martín y el propio Sebastián Morales, que reconoce al fin, en la mano de uno de los enmascarados, la cicatriz en forma de cruz que persigue desde hacía años. César, armado con un Derringer oculto entre las flores, abate a Martín; Morales muere acribillado antes de poder vengarse, no sin revelar que los culpables pertenecen a la Luciérnaga. El Coyote, liberado del ropero donde su propio hijo le había encerrado, llega a tiempo de recoger las últimas palabras del moribundo: tres plumas negras deberán marcar a los responsables de su muerte.


🎭 Temas y estilo

«De tal palo…» es, de toda la serie reciente, la novela más explícitamente dedicada al tema de la herencia y la paternidad. El título mismo, extraído del refrán popular y convertido en título de capítulo, organiza toda la trama alrededor de la pregunta de qué se hereda y qué se elige: El Cuervo ha heredado de su padre la puntería, el valor y, según el propio Coyote admite con sorna, hasta el gusto por la doble vida —«algo tuyo debo de tener», le dice el hijo—, pero no (todavía) su prudencia. El diálogo del capítulo IX, en el que padre e hijo se enfrentan verbalmente sin que el muchacho sepa que está hablando con El Coyote y sin que el padre revele que lo sabe todo, es un ejercicio de ironía dramática construido con enorme destreza: cada frase tiene un doble sentido que el lector capta y que los personajes fingen no captar, en una esgrima de cariño y orgullo herido que recuerda, salvando las distancias, a la comedia clásica española que Mallorquí tanto admiraba.

El motivo del disfraz, constante en toda la saga, alcanza aquí una complejidad nueva: don César no solo mantiene su identidad secreta de El Coyote, sino que añade una tercera capa —el pomposo «Rufus W. Adams»— que ni siquiera El Cuervo, ni el lector, identifican de inmediato con su padre. La novela juega así con un triple tablero de máscaras (El Coyote / Rufus Adams / el viejo coronel) que se cruza con el doble juego de su hijo (El Cuervo / el joven ingenuo que corteja a Mary Mac Rae), multiplicando los equívocos y el placer narrativo del lector, que sabe más que casi todos los personajes.

El personaje de Solón Maller / Sebastián Morales introduce, una vez más, la figura del forajido trágico y fundamentalmente honesto que la saga repite con variaciones desde sus primeras entregas: un hombre empujado al margen de la Ley no por maldad, sino por la injusticia y la calumnia, y cuya muerte, lejos de ser un castigo narrativo, se presenta como una tragedia que clama venganza. Su relato en el capítulo X —con el motivo del naipe marcado, la falsa acusación de asesinato y el incendio salvador de la cárcel— es de los más extensos y conmovedores monólogos de confesión de toda la colección, y sirve de contrapunto melodramático al tono más ligero e irónico de los capítulos protagonizados por don César.

También se desarrolla con fineza el triángulo sentimental entre El Cuervo, María de los Ángeles y Mary Mac Rae: la primera, fiel y generosa, descubre que su cariño por el muchacho es más fraternal que amoroso, y vuelca sus sentimientos reales hacia Morales; la segunda, contratada para seducir y traicionar, se deja ganar por una sinceridad que no esperaba sentir. Mallorquí evita el melodrama fácil dotando a ambas mujeres de una agencia propia: no son solo objetos del deseo del protagonista, sino personajes con sus propias dudas, lealtades y decisiones morales.

La digresión histórica sobre María Jesús en el capítulo VI, con su sátira sobre la incomprensión mutua entre la cultura hispana y la angloamericana —ejemplificada en la recepción de Shakespeare y de los clásicos del Siglo de Oro por públicos que no comparten ni idioma ni sensibilidad—, es una de las piezas de humor histórico más logradas de la serie, y confirma el interés constante de Mallorquí por retratar California no solo como escenario de aventuras, sino como un mosaico cultural en transformación.


📎 Notas

  • La novela se abre explícitamente como continuación directa de las dos anteriores (Nº 62, «El rancho de la T», y Nº 63, «El Cuervo en la pradera»), cuya resolución —la muerte de Walter Beaver y el hallazgo de petróleo bajo las tierras de la señora de Ortega— se recapitula en las primeras páginas. El propio texto remite al lector, en nota a pie, a «las dos anteriores novelas» para la correcta comprensión de los antecedentes.
  • Esta es la segunda aparición documentada de El Cuervo (César de Echagüe hijo) tras su debut en el Nº 62, y la primera en que la relación entre padre e hijo se convierte en el eje dramático principal de una entrega completa, en lugar de ser un simple trasfondo de la acción.
  • Guzmán y Silveira, antiguos miembros de «Los Tres» junto con el mejicano Abriles (vid. novelas anteriores de la rama «justiciera» de la saga), quedan secuestrados por la Luciérnaga al final del capítulo VII y no reaparecen en el resto de la novela: su suerte queda deliberadamente en suspenso, apuntando a una continuación inmediata.
  • El cheque certificado de quinientos mil dólares, procedente de la trama de «El Cuervo en la pradera» (Nº 63), sigue sin resolución al cierre de esta novela: se desconoce si llegó a manos de la Luciérnaga durante la encerrona final o si permaneció en poder de César.
  • La cicatriz en forma de cruz o de equis en el dedo índice, mencionada por primera vez en el relato de Morales sobre la noche de su desgracia, se confirma en el capítulo XI como la marca de uno de los tres enmascarados presentes en la encerrona de Mary Mac Rae, dejando abierta, para la siguiente entrega, la identidad de ese hombre y la venganza que Morales no llegó a consumar.
  • El juramento final de César —«tres plumas negras»— anuncia de manera explícita el conflicto que habrá de dominar la novela siguiente: la persecución de los tres enmascarados responsables de la muerte de Sebastián Morales.

Títulos de las novelas:

001 - El Coyote002 - La vuelta del Coyote003 - Huracán sobre Monterrey004 - El Valle de la Muerte005 - La sombra del Coyote006 - El Coyote acorralado007 - El otro Coyote008 - Victoria secreta009 - Sierra de oro010 - El exterminio de la Calavera011 - La primera aventura del Coyote012 - Don César de Echagüe013 - La justicia del Coyote014 - La victoria del Coyote015 - El hijo del Coyote016 - La marca del Cobra017 - Otra lucha018 - El final de la lucha019 - La diadema de las ocho estrellas020 - El secreto de la diligencia021 - Tras la máscara del Coyote022 - El Diablo en Los Ángeles022 - Tras la máscara del Coyote023 - La esposa de don César024 - La hacienda trágica025 - Los jarrones del virrey026 - Al servicio del Coyote027 - La mano del Coyote028 - La ley de los Vigilantes029 - Toda una señora030 - El secreto de Maise Syer031 - El precio del Coyote032 - Vieja California033 - Rapto034 - Cuando el Coyote avisa035 - Cuando el Coyote castiga036 - El jinete enmascarado037 - Una sombra en Capistrano038 - Otra vez el Coyote039 - La huella azul040 - Mensajero de paz041 - Galopando con la muerte042 - La senda de la venganza043 - Padre e hijo044 - Cachorro de Coyote045 - La roca de los muertos046 - El enemigo del Coyote047 - Un caballero048 - Eran siete hombres malos049 - Un ilustre forastero050 - La firma del Coyote051 - Trueno negro052 - El secreto roto053 - El código del Coyote054 - Máscara blanca055 - Los servidores del círculo verde056 - Seis tréboles057 - Guadalupe058 - El rescate de Guadalupe059 - Reunión en Los Ángeles060 - Luces de California061 - El último de los Gándara062 - El Rancho de la T063 - El Cuervo en la pradera064 - De tal palo...065 - Tres plumas negras066 - La reina del valle067 - Calavera López068 - Luchando por su hijo069 - Los apuros de don César070 - El charro de las Calaveras071 - Analupe de Monreal072 - La caravana del oro073 - Un hombre acosado074 - Río turbulento075 - Los motivos del Coyote076 - Seis balas de plata077 - La última bala078 - Dinero peligroso079 - El regreso de Analupe080 - Los hombres mueren al anochecer081 - El sol camina hacia el oeste082 - Sangre en la cuenca del Amarillo083 - La hacienda El Capitán084 - El hombre de ningún sitio085 - El Cobra vuelve086 - La sepultura vacía087 - Los hijastros del odio088 - Otra vez el pasado089 - Plomo en una estrella090 - Muerte: Punto de destino091 - El aullido del Coyote092 - "Ojos verdes" en Monterrey093 - El Coyote en el valle094 - La traición del Coyote095 - A la caza del Coyote096 - Los Voluntarios del Coyote097 - Apostando su vida098 - Se alquila un asesino099 - Caín de Rancho Murillo100 - Sierra Blanca101 - El mensajero del Coyote102 - El ahijado de don Goyo103 - Las angustias de don Goyo104 - El último de los siete105 - La gloria de don Goyo106 - Camino de "El Miedo"107 - Traición en Monte Brumas108 - El pasado de Sarah Marsh

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