Ambientada en Arizona, en el pueblo ficticio de Casa Chica, cerca de la misión de San Xavier del Bac, esta entrega retoma el hilo abierto al final de «Un caballero»: la misteriosa carta de la «princesa Irina» que hizo partir a don César hacia Arizona. La novela revela que Irina es la esposa de Juan Nepomuceno Mariñas, «El Diablo», el bandido mejicano al que El Coyote perdonó la vida y ayudó a rehacerse en «La hacienda trágica»; y que la aterradora banda de Los Siete Diablos que atenaza Casa Chica nada tiene que ver con él, sino que es obra del aparentemente inofensivo tabernero Ardis Holden. Se suma a la aventura un personaje cómico e insólito en la saga: la excéntrica y nada convencional novelista Kathryn Sneesby.
🗺️ Sinopsis
Bajo la identidad de don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes, supuesto desterrado político mejicano, don César de Echagüe viaja hacia Casa Chica, Arizona, en respuesta a una carta angustiada de Irina, antigua conocida suya conocida como «la princesa» y ahora esposa de Juan Nepomuceno Mariñas —«El Diablo», el bandido al que El Coyote perdonó la vida años atrás—, quien vive bajo el nombre de Roberto Cifuentes. Por el camino, en la misión de San Xavier del Bac, coincide con la pintoresca Kathryn Sneesby, célebre novelista romántica de aspecto tan robusto como sentimental su prosa, que se empeña en seguirle para documentar su próxima novela y que, sin saberlo, se convertirá en testigo y colaboradora involuntaria de la aventura.
En Casa Chica, don César descubre que el pueblo vive atenazado por Los Siete Diablos, una banda que cobra «protección», roba y asesina con impunidad, y que ha organizado un burlesco recibimiento para El Coyote —una fosa cavada junto al camino, un pelele colgado en la plaza— convencida de que el enmascarado acudirá a la llamada de Irina. Don Pedro descuelga el pelele de un tiro y provoca una emboscada en la que muere el entrañable comisario borracho y filósofo, Sócrates, y en la que él mismo abate a dos de los Diablos. Esa misma noche, convertido en El Coyote, visita a Irina, quien le explica que su marido desapareció hace semanas tras urdir una trampa fallida contra el chantajista que conocía su verdadera identidad, y que desde entonces solo recibe de él breves notas tranquilizadoras.
Una emboscada nocturna en el rancho de los Cifuentes cuesta la vida a un tercer bandido. Mientras tanto, en el sótano de su propia taberna, se revela ante el lector que el jefe real de Los Siete Diablos es el tabernero Ardis Holden, quien mata a tiros a un lugarteniente que empieza a sospechar de él y recluta cinco pistoleros forasteros para sustituir a sus bajas. Esa misma noche, don Pedro es herido de gravedad por un rifle mientras se hace pasar deliberadamente por señuelo, y El Coyote, tras un violento choque cuerpo a cuerpo en el que mata a puñaladas a uno de los Diablos, traslada al herido —en realidad, su propio lugarteniente Juan Lugones, disfrazado— y a una desconcertada Kathryn Sneesby, secuestrada junto con dos cadáveres, hasta el ranchito de la familia Hines, cuya matriarca decide cuidar del herido pese al miedo general.
El Coyote cuelga los cadáveres de los bandidos en el quiosco de la plaza junto a un desafío público, logrando que los vaqueros de la región se organicen por primera vez contra la banda. Holden, ignorante de que su prisionero secreto es en realidad Mariñas —a quien mantiene encerrado en un polvorín con mechas encendidas para hacerlo estallar junto con sus propios cómplices y así borrar cualquier rastro que lo incrimine—, envía a sus hombres a capturar al supuesto herido de los Hines, cayendo en la cuenta demasiado tarde de que se trataba de una trampa: el propio Juan Lugones, ya recuperado, reduce a sus captores, y Mariñas, liberado, ayuda a encerrarlos en su propia celda. Una turba enardecida acorrala y linchan a los últimos secuaces atrincherados en la plaza, mientras Holden intenta cargar toda la culpa sobre Mariñas, hasta que un fajo de billetes marcados, hallado en su propia taberna, lo delata sin remedio ante todo el pueblo, que lo ahorca. El Coyote se despide de Irina y de un reconciliado Mariñas, y desaparece dejando a Kathryn Sneesby, una vez más, sin respuesta a sus preguntas.
🕰️ Contexto histórico
La novela se abre con una extensa evocación de la misión de San Xavier del Bac y de su papel en la historia de Arizona, desde la colonización jesuita y franciscana hasta las guerras contra México y la Guerra Civil, pasando por leyendas locales de amores imposibles entre indios papagos y soldados o colonos blancos. Este marco histórico, poco habitual en su extensión dentro de la saga, sirve de contrapunto lírico a la violencia de Casa Chica, un típico pueblo ganadero de posguerra fundado sobre viejas disputas de sangre entre familias sudistas emigradas a Arizona tras la contienda. El retrato del envejecido y filosófico comisario Sócrates, símbolo de una ley demasiado débil y corrompida para imponerse por sí sola, resume el tema central de la novela: la necesidad de que la comunidad, y no solo un héroe solitario, se organice contra la injusticia.
👥 Personajes
- Don César de Echagüe / don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes / El Coyote: Adopta una nueva identidad, la de un supuesto desterrado político mejicano, para investigar la desaparición de Mariñas; desenmascara al verdadero jefe de Los Siete Diablos y organiza a los habitantes de Casa Chica para que ellos mismos acaben con la banda.
- Irina / la princesa / señora de Cifuentes: Antiguo amor no consumado de don César, evocado ya en «Un caballero»; ahora esposa de Mariñas bajo el nombre de Roberto Cifuentes, escribe la carta que pone en marcha la aventura al ver a su marido desaparecido y amenazado por un chantajista.
- Juan Nepomuceno Mariñas «El Diablo» / Roberto Cifuentes: Antiguo y temido bandido mejicano perdonado por El Coyote; mantenido secuestrado semanas por Holden, quien planeaba hacerlo pasar por el jefe de Los Siete Diablos y volarlo junto con sus propios hombres; liberado, ayuda a capturar a sus captores y se reconcilia con Irina.
- Ardis Holden: Tabernero de aspecto bonachón y modales de peluquero; se revela como el verdadero y hasta entonces insospechado jefe de Los Siete Diablos, capaz de matar a sangre fría a sus propios hombres para proteger su secreto; termina linchado por el pueblo que engañó durante años.
- Kathryn Sneesby: Célebre y corpulenta novelista romántica, autora de Las lágrimas de Eugenia, que se cree a sí misma «un alma de mariposa en cuerpo de saltamontes»; sigue a don César por toda la novela en busca de material para su próximo libro y reconoce su verdadera identidad por puro instinto, aportando un contrapunto cómico e ingenuo a la trama.
- Sócrates: Viejo y resignado comisario de Casa Chica, filósofo de vocación tardía que se sabe incapaz de imponer la ley; muere accidentalmente en el tiroteo que sigue a la primera provocación de don Pedro, en una de las muertes más entrañables y melancólicas de la saga.
- Juan Lugones: Fiel ayudante de El Coyote; se hace pasar por don Pedro para desviar la atención de los Diablos, resulta gravemente herido por un disparo de rifle desviado por su propio reloj de bolsillo, y termina fingiendo seguir convaleciente para tender la trampa final a los hombres de Holden.
- El matrimonio Hines: Modestos rancheros de Casa Chica; la señora Hines decide, contra el miedo general, cuidar del herido y colaborar activamente con El Coyote, mientras su marido, un bebedor empedernido, sirve sin saberlo de cebo para sonsacar información a Holden.
- Denton, Cahill, Craig, Jennell, Cloves, Reznek, Oleg Mutt, Jesse Russell, Inger Anderson: Los distintos miembros, viejos y nuevos, de la banda de Los Siete Diablos; mueren o son capturados casi todos a lo largo de la novela, salvo los que Holden elimina él mismo para proteger su secreto.
Portadas






✨ Frase característica
«Los buenos sólo ganan en las novelas. En la vida real son los malos los que ganan… Yo no he visto nunca a una oveja que se coma a un coyote.» Con esta reflexión resignada, el viejo comisario Sócrates resume, sin saberlo, la filosofía que la propia novela se encargará de desmentir.
📜 Citas y proverbios
- A veces los lobos se ponen piel de cordero y parece que son los corderos los que ganan; pero es mentira. — Sócrates, el filosófico comisario de Casa Chica, poco antes de morir
- No trate de salvar a nadie de su destino, porque entonces, en vez de escribir novelas, tendrá que dedicarse a seguirle salvando. — Don Pedro Celestino Carvajal, contando a Kathryn Sneesby la parábola china del hombre y el ahogado
- Un lobo sólo se puede apoyar en la ayuda de otros lobos. Si acude a los corderos en busca de auxilio o queriendo disfrazarse de cordero, el perro guardián y el pastor acabarán pronto con él. — Inger Anderson, advirtiendo a Ardis Holden sobre los riesgos de su ambición
- Es más peligroso un enano vivo que un gigante muerto. — El Coyote, a Kathryn Sneesby, explicando su indiferencia ante los cadáveres que transporta
- Sé que usted es don Pedro. No me engaña… Yo capto sus efluvios… de la misma forma que un imán hace mover a través de un papel la aguja que hay encima de él. — Kathryn Sneesby, exponiendo a El Coyote su teoría sobre cómo reconoció su verdadera identidad
- Yo espero demostrarles que Dios no hace milagros, pero ayuda a realizarlos. — El Coyote, a la señora Hines, sobre la necesidad de que el pueblo se organice contra los bandidos
📚 Capítulos
Capítulo primero — «Una mujer en San Xavier del Bac»
Don César, bajo la identidad de don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes, llega a la misión de San Xavier del Bac y conoce a la excéntrica novelista Kathryn Sneesby. Por boca del posadero Felipe se entera de que Los Siete Diablos, presuntamente liderados por el resucitado Mariñas, atemorizan Casa Chica.
Capítulo II — «Don Pedro Celestino Carvajal de Amarantes»
Una larga conversación filosófica entre don Pedro y Kathryn, salpicada de anécdotas y parábolas, culmina con el descubrimiento de que la escritora, decidida a documentar su próxima novela, seguirá al viajero adondequiera que vaya.
Capítulo III — «Casa Chica»
Don Pedro llega al pueblo, donde encuentra una fosa recién cavada y un pelele con antifaz colgado en son de burla, ambos dirigidos a «recibir» al Coyote. Descuelga el pelele de un disparo, lo que desata una emboscada en la que muere el viejo comisario Sócrates y él mismo abate a dos de los Diablos.
Capítulo IV — «Un hombre en Casa Chica»
En la taberna de Ardis Holden, don Pedro conoce a los vecinos atemorizados y rechaza la petición de acabar por dinero con la banda. Al anochecer, cuando sale del pueblo, Irina lo confunde brevemente con don César antes de reconocer su error.
Capítulo V — «La decepción de Irina»
Irina, decepcionada al no reconocer a don César en don Pedro, regresa a su rancho. Este, ya convertido en El Coyote, se reúne con su ayudante Juan Lugones para intercambiar disfraces y seguir investigando sin levantar sospechas.
Capítulo VI — «El Coyote»
El Coyote visita a Irina, quien le relata la desaparición de su marido tras una trampa fallida contra un chantajista. Al salir del rancho, es emboscado por varios jinetes de los que logra escapar hacia el bosque, matando a uno de ellos.
Capítulo VII — «El jefe de los Siete»
En el sótano de su taberna, Ardis Holden mata a tiros a Reznek, que empezaba a sospechar de él, revelándose como el auténtico jefe de la banda. Recibe a cinco pistoleros forasteros recién contratados para reforzar sus filas.
Capítulo VIII — «Una tarea para Kathryn Sneesby»
El Coyote irrumpe en el cuarto de Kathryn para pedirle que cuide de «don Pedro», gravemente herido por un disparo; en la huida por el balcón mata a puñaladas a uno de los Diablos y se lleva a la escritora y dos cadáveres hacia el ranchito de los Hines.
Capítulo IX — «Un desafío al Coyote»
Tras dejar al herido al cuidado de la familia Hines, El Coyote cuelga los cadáveres de los bandidos en el quiosco de la plaza de Casa Chica junto a un desafío público, y organiza en secreto a los vecinos de confianza que le indicó Irina.
Capítulo X — «Una buena trampa»
Emborrachado por Holden, el señor Hines revela sin saberlo el paradero del herido. Holden envía a sus hombres a capturarlo mientras encierra a Mariñas en un polvorín con mechas encendidas, dispuesto a hacerlo estallar junto con sus propios cómplices para borrar toda prueba.
Capítulo XI — «La justicia del Coyote»
El supuesto herido, en realidad Juan Lugones ya recuperado, reduce a sus captores; Mariñas, liberado, ayuda a encerrarlos en su propia celda. La turba de Casa Chica acorrala y ahorca a los últimos Diablos, y un fajo de billetes marcados delata a Holden como jefe de la banda ante todo el pueblo, que lo lincha.
🎭 Temas y estilo
- El villano insospechado: a diferencia de otros antagonistas de la saga, el auténtico jefe de Los Siete Diablos no es un forastero temible sino el tabernero bonachón del pueblo, un giro que Mallorquí prepara con cuidado desde el capítulo VII sin que los propios habitantes de Casa Chica lo sospechen.
- La comunidad como héroe colectivo: más que en otras entregas, El Coyote actúa aquí como catalizador de una reacción popular organizada, en línea con el discurso final de la señora Hines sobre la necesidad de tener «un jefe» para vencer al miedo colectivo.
- El humor como contrapunto: la presencia de Kathryn Sneesby, con su prosa sentimental, su desmesurada vitalidad física y su perspicacia instintiva para reconocer a El Coyote, aporta una vena cómica poco frecuente en la saga, que Mallorquí explota con largos diálogos ingeniosos.
- El reencuentro con un villano redimido: la reaparición de Mariñas, antagonista de «La hacienda trágica» ya perdonado y reformado, confirma el patrón de la saga de rescatar a antiguos enemigos para convertirlos en aliados o en víctimas que reclaman la protección de El Coyote.
- El motivo del amor imposible: el reencuentro con Irina, la «princesa» cuyo pasado sentimental con don César queda solo insinuado, añade una nota melancólica y no resuelta del todo, coherente con el desenlace de «Un caballero», que había anunciado esta aventura.
📎 Notas
La nota [1] remite a «La hacienda trágica», novela en la que se narró el primer enfrentamiento entre El Coyote y Juan Nepomuceno Mariñas, «El Diablo», y su posterior perdón y reforma bajo la identidad de Roberto Cifuentes. Esta entrega confirma que aquel episodio sigue vigente en la continuidad de la saga varios años después.
La novela conecta directamente con el final de «Un caballero» (Nº 47), donde la carta de la «princesa Irina» llegada desde Arizona obligaba a don César a partir de inmediato; «Eran siete hombres malos» resuelve así ese gancho narrativo, aunque deja abierta, una vez más, la naturaleza exacta del vínculo sentimental entre don César e Irina, mencionado pero nunca aclarado del todo.
El personaje de Kathryn Sneesby, la novelista romántica autora de Las lágrimas de Eugenia, no vuelve a aparecer citado en esta entrega en relación con novelas anteriores de la saga, por lo que parece un personaje episódico creado específicamente para aportar contraste humorístico a esta aventura.






