Esta entrega es la directa continuación de «Toda una señora» (Nº 29) y resuelve de inmediato el cliffhanger con que aquella se cerraba: el envenenamiento de la mano de don César por la aguja oculta en el broche de perlas de Maise Syer. A la trama de intriga y venganza se suma un hilo inédito en la saga: la irrupción de César de Echagüe y de Acevedo, el hijo mayor del Coyote —fruto de su primer matrimonio con Leonor de Acevedo—, que huye de su internado de Berkeley creyendo haber matado a un profesor y llega, sin saberlo, en el peor y a la vez más oportuno momento. La edición incluye además, a modo de apéndice, un artículo divulgativo de José Mallorquí sobre la historia del revólver Colt 45, publicado originalmente en 1951.
🗺️ Sinopsis
La novela arranca en el internado de Berkeley donde estudia César de Echagüe y de Acevedo, hijo del primer matrimonio de don César con la difunta Leonor de Acevedo. Tras negarse a delatar a un compañero, el muchacho es abofeteado repetidamente por el tiránico profesor Schultz; fuera de sí, empuña un viejo sable de adorno para plantarle cara, y el profesor, al retroceder aterrado, cae por una escalera y queda inconsciente. Convencido de haberlo matado, el chico huye esa misma noche, cruza en transbordador a San Francisco, se embarca de polizón rumbo a San Pedro y llega nadando y a pie, exhausto, hasta el rancho de San Antonio, justo cuando allí se vive una noche de máxima urgencia.
En efecto, la mano de don César, pinchada por la aguja envenenada de Maise Syer al despedirse de ella en la novela anterior, se ha hinchado y ennegrecido, y una fiebre altísima lo tiene delirando mientras Guadalupe, ya muy avanzada en su segundo embarazo, deduce por sí misma que se trata de un veneno deliberado. Ante la imposibilidad de acudir ella misma en busca de ayuda, es el recién llegado César hijo quien, junto al criado mudo Matías Alberes, sale enmascarado a buscar por la fuerza al doctor García Oviedo, portando la aguja envenenada para que el médico identifique el tóxico. Vendado y conducido a la misma casa donde ya curó tiempo atrás a un hombre que sospechó era El Coyote, García Oviedo reconoce el veneno —extraído de plantas de los pantanos de Louisiana—, cura la mano de don César y, pese a que le ocultan la identidad del herido, empieza a atar cabos sobre quién es en realidad su paciente habitual.
Mientras tanto, en la posada del Rey don Carlos, Maise Syer y su cómplice James Wemyss celebran que la trampa contra El Coyote ha funcionado y preparan un segundo golpe: convencen a Serena, esposa de Ricardo Yesares, de que su marido le es infiel y la instigan a escribirle una carta de despedida y huir aparentemente hacia San Francisco, con el fin de que Yesares salga tras ella y caiga así en una emboscada camino de Monterrey. Maise, además, revela sin querer su verdadero rostro —mucho más joven y hermoso que el de la dama madura que finge ser— ante el comerciante Antonio Páez, hermano de Natividad Páez, quien queda profundamente enamorado de ella sin sospechar su doble juego.
Con la mano vendada bajo un guante blanco, don César sale a la calle del brazo de Guadalupe para no levantar sospechas y recibe la nota de despedida de Yesares. Comprendiendo que se trata de una encerrona, esa misma noche organiza, con su hijo como conductor del carruaje —pues Guadalupe no puede montar a caballo en su estado—, una expedición para avisar a los hermanos Lugones. Cuando estos llegan a la posada de Maise Syer, la encuentran ya huida, y descubren además que esa misma noche han asesinado a puñaladas a don Rómulo Hidalgo, robándole el collar de perlas gemelo del de los Echagüe, y que en el propio rancho de San Antonio han asaltado el despacho de don César, hiriendo a Matías Alberes y llevándose buena parte de su colección de joyas, incluido el collar formado con las perlas del virrey De Croix.
Efectivamente, Yesares ha caído en la trampa: interceptado por los hombres de Wemyss, es conducido a unas cabañas en la montaña, donde Maise Syer, tras reunir también allí a Serena, exige a Yesares el nombre de su jefe, el auténtico Coyote, amenazando con torturar a su esposa. Yesares, para ganar tiempo, denuncia falsamente a Teodomiro Mateos como El Coyote. Esa misma noche, guiado por los Lugones tras arrancar la información a un hombre de Wemyss llamado Robbins mediante amenazas de tormento, don César —con la mano derecha aún inutilizada, disparando y actuando con la izquierda— asalta el campamento, libera a Yesares y a Serena tras un tiroteo en el que mueren los guardianes, y se enfrenta cara a cara con Maise Syer, a quien desenmascara como Peg Marsh, alias también de Patricia Mendell y de la inventada «Jobina MacFarlane»: la misma mujer que meses atrás intentó robar las perlas de los jarrones del virrey.
Peg Marsh, al verse acorralada, escapa hacia Los Ángeles y se refugia en el almacén de Antonio Páez, donde, conmovida por la devoción sincera del comerciante y por su filosofía consoladora sobre la muerte y la reencarnación, decide por primera vez en su vida intentar la redención: acepta devolver las joyas robadas y, cuando James Wemyss llega reclamando su parte del botín, le entrega en su lugar un envoltorio de bisutería sin valor para protegerlo del Coyote. Descubierto el engaño por el propio Coyote en plena calle, Wemyss regresa furioso al almacén y, al no creer las explicaciones de Peg, dispara contra ella cuando esta se interpone para salvar a Antonio Páez. El Coyote abate a Wemyss de dos disparos y llega junto a la moribunda Peg Marsh, que muere en brazos de Antonio Páez tras una breve reconciliación consigo misma y con la posibilidad de una vida distinta que ya no tendrá tiempo de vivir.
El Coyote organiza entonces el desenlace oficial: convence a Teodomiro Mateos de que asuma públicamente el mérito de haber matado a Wemyss y descubierto el robo, protegiendo así tanto el secreto de su identidad como la reputación del jefe de policía, cuya reelección está en juego frente a la candidatura del propio Wemyss. Mateos devuelve las joyas a don César, que finge no saber nada del papel del Coyote en el asunto, y esa noche se dispone una cena de celebración en la posada. Serena, sin embargo, empieza a atar cabos —la estatura de don César, su mano herida, la carta de Yesares al «Coyote»— y sospecha, sin llegar a confirmarlo, la verdadera identidad de su anfitrión. La novela cierra con el regreso del hijo de don César a Berkeley, discretamente escoltado por Alberes, y con el inicio adelantado de los dolores de parto de Guadalupe camino de la posada, dejando en el aire, una vez más, el desenlace del nacimiento de su segundo hijo.
🕰️ Contexto histórico
La novela retrata el mundo de la educación formal de las familias californianas acomodadas de la época a través del internado de Berkeley, con su disciplina severa y sus castigos físicos, un ambiente muy alejado del rancho patriarcal en el que se ha criado el resto de la familia Echagüe. La trama policial se apoya de nuevo en el contraste entre la vigilancia informal de la comunidad hispano-mejicana —encarnada en los hermanos Lugones, cuyos métodos de interrogatorio, aunque presentados con humor negro, resultan brutales— y la debilidad de las instituciones oficiales, representadas por un Teodomiro Mateos que depende por completo, una vez más, de la sombra protectora del Coyote para mantener su cargo electivo. El motivo del veneno vegetal procedente de los pantanos de Louisiana, ya empleado como arma en la entrega anterior, conecta la trama con las rutas comerciales y humanas entre el sur profundo y California, un hilo geográfico que la saga ha ido tejiendo a través de varios personajes venidos del Mississippi.
🔫 Apéndice histórico: el revólver Colt 45
La edición original incluye, como cierre de fascículo y al margen de la trama, un breve artículo divulgativo firmado por el propio José Mallorquí (publicado originariamente en 1951, en la primera edición de la novela «El retrato de Nelly Dunn») dedicado a la historia del revólver Colt calibre 45, el arma que con mayor frecuencia empuñan los personajes de la saga. El texto repasa la evolución de la casa Colt desde los primeros «Paterson» de 1836, pasando por el «Walker» y los modelos de Caballería, hasta la aparición en 1873 del célebre «Peacemaker» o «Frontier Model», fabricado sin apenas variaciones durante 74 años y apodado «el revólver que conquistó el Oeste». Mallorquí detalla también la variante de tiro «Bisley», la compatibilización de munición con el rifle Winchester 73 (los llamados «Colt 44-40 W.C.F.»), y anécdotas como el uso del Colt 45 con cachas de marfil por el general Patton. Este tipo de apéndices técnicos, frecuentes en los fascículos originales de la colección, subraya el interés documental de Mallorquí por la autenticidad histórica del armamento del Oeste, más allá de la pura ficción narrativa.
👥 Personajes
- César de Echagüe (El Coyote): Protagonista. Pasa buena parte de la novela con la mano derecha inutilizada por el veneno de Maise Syer, viéndose obligado a actuar con la izquierda; organiza el rescate de Yesares y Serena, desenmascara a Maise Syer como Peg Marsh y mata a James Wemyss en defensa de esta última.
- Guadalupe (Lupe): Esposa de César, en las últimas semanas de su segundo embarazo. Es ella quien primero deduce que la herida de su marido es un envenenamiento deliberado, organiza los primeros auxilios y la búsqueda de ayuda médica, y al final de la novela inicia adelantadamente el parto de su segundo hijo.
- César de Echagüe y de Acevedo: Hijo mayor de don César, fruto de su primer matrimonio con la difunta Leonor de Acevedo, interno en un estricto colegio cerca de Berkeley. Huye del internado creyendo haber matado a un profesor y llega providencialmente al rancho la misma noche del envenenamiento de su padre, a quien ayuda de forma decisiva guiando el carruaje nocturno y buscando socorro médico.
- Maise Syer / Peg Marsh / Patricia Mendell / Jobina MacFarlane: Antagonista principal, ya presentada en la entrega anterior. Se revela como la misma mujer que tiempo atrás intentó robar las perlas de los jarrones del virrey De Croix; envenena a El Coyote, tiende una trampa a Yesares y Serena y roba las joyas de los Echagüe e Hidalgo, pero termina buscando la redención junto a Antonio Páez antes de morir por una bala destinada a él.
- James Wemyss: Cómplice de Maise Syer, candidato a suceder a Teodomiro Mateos como jefe de policía. Asesina a don Rómulo Hidalgo durante el robo de su collar de perlas y muere a manos del Coyote tras descubrir que Peg Marsh le ha engañado con joyas falsas.
- Ricardo Yesares: Posadero del Rey don Carlos y hombre de confianza del Coyote. Cae en la trampa tendida mediante una falsa carta de infidelidad dirigida a su esposa Serena, es capturado junto a ella y, bajo amenaza de tortura, denuncia falsamente a Teodomiro Mateos como El Coyote para ganar tiempo.
- Serena (esposa de Yesares): Manipulada por Maise Syer mediante cartas anónimas de celos, huye aparentemente hacia San Francisco y es capturada junto a su marido. Al final de la novela empieza a sospechar, por diversos indicios, la verdadera identidad de don César como El Coyote.
- Antonio Páez: Comerciante de tejidos, hermano de Natividad Páez (personaje de la novela anterior). Se enamora sinceramente de la verdadera Peg Marsh al descubrir por azar su disfraz, le propone matrimonio y, tras su muerte, sostiene con fe genuina la posibilidad de una vida ultraterrena para ella.
- Teodomiro Mateos: Jefe de policía de Los Ángeles, de nuevo dependiente de la ayuda encubierta del Coyote. Acepta atribuirse públicamente la muerte de Wemyss y la recuperación de las joyas para proteger su candidatura a la reelección frente al propio Wemyss.
- Doctor García Oviedo: Médico de Los Ángeles, ya presente en entregas anteriores. Secuestrado y vendado de nuevo para curar en secreto a un paciente encapuchado, identifica el veneno de origen vegetal y empieza a sospechar, por detalles domésticos reconocibles, la verdadera identidad de don César como El Coyote.
- Matías Alberes: Criado mudo de confianza de don César. Es herido durante el robo de las joyas del rancho y acompaña al hijo del Coyote en su expedición nocturna en busca del médico.
- Los hermanos Lugones (Juan, Timoteo y Evelio): Colaboradores habituales del Coyote en el barrio mejicano. Localizan el campamento de Maise Syer y Wemyss mediante un brutal pero eficaz interrogatorio a uno de sus hombres, y participan activamente en el asalto final a las cabañas.
Portadas






✨ Frase característica
«Mi justicia es un poco más complicada cuando se trata de mujeres. Y más difícil. Me gustaría matarla; pero no sé todavía cómo. Usted me dará la solución.»
(El Coyote a Peg Marsh, tras desenmascararla en el campamento de la montaña, resumiendo el código moral que le impide ejercer contra las mujeres la misma justicia sumaria que aplica a los hombres.)
📜 Citas y proverbios
- Sólo haciendo cosas difíciles se demuestra que no se es vulgar. Tú no quieres ser vulgar, ¿verdad? — Don César a su hijo, al ordenarle regresar al internado de Berkeley pese a lo ocurrido con el profesor Schultz
- El corazón tiene el defecto de sentir sin lógica. Ama y odia porque sí, o por motivos que sólo él conoce. No se le puede pedir que se deje gobernar por el cerebro. — Ricardo Yesares, reconciliándose con Serena tras el secuestro en la montaña
- No creo que la muerte sea lo definitivo en la vida de nuestro espíritu. Yo la considero como un descanso que nuestra alma emplea en reflexionar, en revivir todo lo que ha hecho en la tierra. — Antonio Páez, consolando a Peg Marsh poco antes de proponerle matrimonio
- Se pueden necesitar años para levantar un palacio. Luego, con una mirada que dura unos segundos, se puede decidir si es hermoso o feo. ¿Por qué no se ha de poder arrepentir uno de todo cuanto ha hecho mal en la vida? — Antonio Páez a Peg Marsh, animándola a intentar una vida nueva
- Una hora de amor intenso puede agotar el amor condensado en toda una vida. Yo lo he agotado. — Antonio Páez, tras la muerte de Peg Marsh, tomando el pésame de El Coyote
- Ya empiezo a sentirme madre tuya. ¿Cómo podéis vivir los hombres hasta tan mayores y seguir siendo siempre unos chiquillos? — Guadalupe a don César, en un momento de ternura conyugal camino de la posada
📚 Capítulos
Capítulo primero — «El hijo de don César de Echagüe»
En un estricto internado cerca de Berkeley, César de Echagüe y de Acevedo, hijo del primer matrimonio de don César, se niega a delatar a un compañero y es golpeado por el tiránico profesor Schultz. En un arrebato, el muchacho lo amenaza con un viejo sable; el profesor, al huir, cae por una escalera y queda inconsciente. Creyéndolo muerto, el chico escapa esa misma noche rumbo a San Francisco y, tras embarcarse de polizón, llega exhausto al rancho de San Antonio.
Capítulo II — «El riesgo de don César»
La misma noche, la mano de don César, pinchada por la aguja envenenada de Maise Syer, se hincha y ennegrece mientras una fiebre altísima lo hace delirar. Guadalupe deduce que se trata de un veneno deliberado. Ante la imposibilidad de salir ella misma a buscar ayuda, envía al recién llegado hijo de César, junto al mudo Matías Alberes, a secuestrar al doctor García Oviedo, llevando la aguja envenenada como prueba.
Capítulo III — «Otra vez el doctor García Oviedo»
Conducido con los ojos vendados a la misma casa donde ya curó antes a un supuesto Coyote, García Oviedo identifica el veneno vegetal de Louisiana y sana la mano de don César. Pese al secreto, reconoce por detalles domésticos —unas sábanas bordadas con claveles— la posible identidad de su paciente habitual, aunque decide no indagar más.
Capítulo IV — «Los proyectos de Maise Syer»
Maise Syer y James Wemyss celebran el éxito del envenenamiento y preparan un nuevo golpe: convencen a Serena, esposa de Yesares, de que su marido le es infiel para que finja huir a San Francisco y así atraerlo a una emboscada. Maise, además, revela por accidente su verdadero rostro ante Antonio Páez, que queda perdidamente enamorado de ella.
Capítulo V — «La ausencia del Coyote»
Don César, con la mano vendada bajo un guante, sale en público con Guadalupe para no levantar sospechas y recibe la nota de despedida de Yesares. Comprendiendo la encerrona, organiza con su hijo como conductor una expedición nocturna para avisar a los hermanos Lugones, mientras deduce que Maise Syer ya ha logrado inutilizarlo a él y alejar a su ayudante.
Capítulo VI — «Una trampa para Ricardo Yesares»
Yesares cae en la emboscada camino de San Francisco y es conducido a unas cabañas en la montaña, donde también es llevada Serena. Maise Syer y Wemyss lo torturan psicológicamente simulando quemar los pies de su esposa para obligarlo a revelar el nombre del verdadero Coyote; Yesares, para ganar tiempo, denuncia falsamente a Teodomiro Mateos.
Capítulo VII — «Paseo nocturno»
Guiado por su hijo en el carruaje, don César llega hasta la casa de los Lugones en el barrio mejicano y les encarga capturar a Maise Syer, que sin embargo ya ha huido de la posada. Los Lugones informan además del asesinato de don Rómulo Hidalgo y del robo de su collar de perlas. Al regresar al rancho, don César descubre que también le han robado sus joyas, hiriendo gravemente a Matías Alberes.
Capítulo VIII — «Métodos de convicción»
Los hermanos Lugones interrogan brutalmente a Robbins, hombre de Wemyss, hasta arrancarle la ubicación del campamento donde retienen a Yesares y Serena. Mientras tanto, Teodomiro Mateos visita a don César para informarle del robo, sin sospechar que su interlocutor es también víctima directa del mismo. Don César decide salir personalmente, pese a su mano herida, para intentar el rescate.
Capítulo IX — «El rescate y un encuentro»
El Coyote, con Juan y Timoteo Lugones, asalta el campamento de la montaña, libera a Yesares y Serena tras un tiroteo, y se enfrenta cara a cara con Maise Syer, a quien desenmascara como Peg Marsh, la misma mujer que antaño intentó robar las perlas de los jarrones del virrey. Peg logra distraerlo con agua arrojada al rostro y escapa hacia Los Ángeles.
Capítulo X — «Petición de auxilio»
Peg Marsh se refugia en el almacén de Antonio Páez, donde, conmovida por su devoción sincera y su filosofía consoladora sobre la muerte, decide intentar la redención: acepta devolver las joyas robadas y, cuando llega Wemyss reclamando su parte, le entrega en su lugar un envoltorio de bisutería sin valor.
Capítulo XI — «La justicia del Coyote»
El Coyote intercepta a Wemyss y le revela el engaño de las joyas falsas. Furioso, Wemyss regresa al almacén de Páez y, al no creer las explicaciones de Peg, dispara contra ella cuando esta se interpone para proteger a Antonio. El Coyote mata a Wemyss y asiste a la agonía de Peg Marsh, reconciliada consigo misma junto al hombre que la amó de verdad. El Coyote organiza después con Mateos la versión oficial de los hechos.
Capítulo XII — «Serena saca una grave conclusión»
Teodomiro Mateos devuelve las joyas a don César y recibe el mérito público de la resolución del caso. Esa noche, durante la cena de celebración, Serena empieza a atar cabos sobre la verdadera identidad de su anfitrión. El hijo de don César regresa discretamente a Berkeley, y Guadalupe, camino de la posada, siente que el parto de su segundo hijo se adelanta.
🎭 Temas y estilo
- La vulnerabilidad física del héroe: a diferencia de otras entregas, buena parte de la acción transcurre con El Coyote físicamente disminuido —mano inutilizada, fiebre, agotamiento—, lo que obliga a la trama a apoyarse en la colaboración coral de Guadalupe, su hijo, Alberes y los Lugones, subrayando que la leyenda del enmascarado depende de una red de lealtades y no solo de la destreza individual de un hombre.
- La irrupción generacional: la aparición del hijo mayor de don César, fruto de un primer matrimonio apenas mencionado hasta ahora, introduce una dimensión de continuidad familiar y de posible relevo que enriquece la mitología de la saga sin resolverla del todo, dejando abierta la cuestión de si el muchacho llegará algún día a conocer el secreto de su padre.
- La redención imposible o tardía: el arco de Peg Marsh, que reincide en el mismo tipo de intriga y traición que ya protagonizó en «Los jarrones del virrey», pero que esta vez encuentra en Antonio Páez un amor genuino justo antes de morir, retoma con mayor desarrollo dramático el motivo del «regenerado tardío» ya explorado en otras entregas de la colección.
- La reflexión filosófica y casi teológica: el diálogo entre Antonio Páez y Peg Marsh sobre la muerte, la reencarnación y la posibilidad de enmendar una vida entera introduce un tono meditativo inusual en la saga, que se aleja momentáneamente de la acción para tratar cuestiones existenciales con una seriedad poco frecuente en el folletín de aventuras.
- El motivo recurrente de las perlas del virrey: el collar formado con las perlas de los jarrones de De Croix, ya protagonista de «Los jarrones del virrey», reaparece como objeto que sigue trayendo desgracia a quien lo codicia, reforzando la idea, explicitada por la propia Peg Marsh, de una suerte de maldición asociada a esas joyas.
- El apéndice documental sobre el Colt 45, ajeno a la trama pero característico del formato de fascículo original, confirma el interés de Mallorquí por dotar de verosimilitud técnica al universo del Oeste que sirve de escenario a la saga.
📎 Notas
Esta entrega resuelve de manera directa e inmediata el cliffhanger con que se cerraba «Toda una señora» (Nº 29): el pinchazo envenenado sufrido por don César al aceptar el estuche de joyas de Maise Syer. El texto confirma explícitamente, mediante nota a pie de página, que el episodio de identificación del Coyote por parte del doctor García Oviedo enlaza con dos entregas anteriores: «El hijo del Coyote», donde el médico ya trató a un hombre que sospechó era el enmascarado, y donde también aparece por primera vez el propio doctor como personaje recurrente de la saga.
Otra nota a pie remite a «El otro Coyote» para las palabras que Ricardo Yesares dedica a los ojos de Serena, confirmando que ese episodio romántico de su relación —cuando ella llegó a creer que su marido era realmente El Coyote— pertenece a una entrega anterior de la saga. Una tercera nota remite de nuevo a «Los jarrones del virrey» (Nº 25) para el origen del collar de perlas del virrey De Croix y la primera aparición de Peg Marsh bajo el nombre de Patricia Mendell, cerrando así el círculo de un personaje que reaparece dos entregas después con una identidad distinta.
Conviene distinguir con claridad al César de Echagüe y de Acevedo de esta novela —hijo ya adolescente del primer matrimonio de don César con Leonor de Acevedo, interno en un colegio de Berkeley— del «pequeño César» mencionado en entregas anteriores como hijo pequeño de don César y Guadalupe: se trata de dos personajes distintos, hermanastros, y esta es la primera aparición extensa del hijo mayor en la saga. El cierre de la novela, con el inicio adelantado del parto del segundo hijo de Guadalupe y César, y con las sospechas nacientes de Serena sobre la identidad del Coyote, deja sembrados dos hilos de continuidad muy explícitos para la siguiente entrega.






