Esta entrega cierra la trilogía iniciada en «La huella azul» y continuada en «Mensajero de paz»: Hamilton Pomeroy Peter, ya reformado y convertido en enviado de confianza del general Grant, viaja hacia San Francisco por la línea del Pacífico Central, cruzando la Sierra Nevada, en compañía de Joan Hargrave y de don César de Echagüe. En la pequeña estación de Colfax, la conspiración de las Reservas Indias —con Daniel Guerin, superviviente de la novela anterior, al frente— le tiende una última trampa que estará a punto de costarle la vida y que obligará a El Coyote a impartir, una vez más, su propia y expeditiva justicia.
🗺️ Sinopsis
Durante el trayecto por Colfax, un supuesto banquero, Richard Toker, aborda a Pomeroy con la promesa de entregarle documentos decisivos sobre la corrupción de las Reservas Indias. Arrastrando también a Joan Hargrave, los conduce a su banco y les da un maletín cerrado que, aseguran, contiene las pruebas; en realidad, mientras ambos están fuera del tren, alguien fuerza el equipaje de Pomeroy y le roba los documentos auténticos que El Coyote le había confiado en la novela anterior. Al volver a subir, Pomeroy descubre que el maletín solo contiene dinero, y segundos después el sheriff Goodricke lo detiene, acusado de haber asesinado al banquero y robado su caja de caudales: el revólver de Pomeroy, disparado y sustituido por otro, y el propio dinero se han convertido en pruebas fabricadas en su contra.
Don César, fiel a su papel de caballero indolente, se niega a intervenir y sigue viaje hacia San Francisco, dejando a Joan sola en Colfax, decidida a salvar a su amigo; en realidad, apenas el tren se pone en marcha, se disfraza de nuevo como El Coyote y, junto al vaquero Evelio Lugones, salta del vagón para regresar en secreto al pueblo. Mientras tanto, los hermanos Timoteo y Juan Lugones se dejan detener adrede, bajo los nombres falsos de Antonio y José Fernández, para vigilar de cerca a Pomeroy; cuando una turba enfurecida asalta la cárcel dispuesta a lincharlo, el sheriff y su cómplice Martín Creswell lo sacan a tiempo por un pasadizo secreto que resulta conectar con un auténtico arsenal clandestino de armas, cartuchos y licor destinado al contrabando con las tribus indias.
Alojada en casa de la viuda señora Lamb —en realidad Isabel Dooley, hermana del inspector asesinado en la novela anterior y esposa secreta del tabernero Adamson—, Joan recibe un mensaje falsificado, firmado con la cabeza de coyote, que le exige abandonar Colfax y le anuncia el robo «protector» de sus joyas. Esa misma noche, al acudir al velatorio de Toker junto al capitán Lionel Fossett, oficial del cercano fuerte que se ha propuesto vengar a su amigo, Joan reconoce con espanto que el cadáver expuesto no es el hombre que les entregó el maletín: el auténtico Toker llevaba muerto desde antes de que el tren llegara a Colfax, y quien se hizo pasar por él —Martín Creswell, maquillado— forma parte de la misma trama. Perseguidos a tiros por los conspiradores al huir a caballo hacia el fuerte, Joan y Fossett son salvados en el último instante por El Coyote, que les revela que él no envió ningún mensaje ni tiene sus joyas: la nota era una falsificación de sus enemigos.
De vuelta en Colfax, Daniel Guerin —antiguo secretario de Jebediah Ehredt y verdadero cerebro de la conspiración— reconstruye ante sus cómplices (Creswell, el sheriff Goodricke, el barbero Jessop, el jefe de estación Howe y el tabernero Adamson) todo el plan: la muerte de Toker para robarle los documentos que había comprado a un traidor, la suplantación de su identidad para engañar a Pomeroy, y el fallido intento de hacerle linchar como asesino. Cuando la señora Lamb, al descubrir que Guerin fue también el asesino de su hermano Dooley, se enfrenta a él, Guerin la mata a sangre fría con el mismo revólver, fingiendo entregarle una carta. El Coyote, que ha presenciado la escena, convence a un Adamson destrozado por el dolor de vengarse entregándole los documentos que Toker guardaba en la caja fuerte de su despacho; poco después, los hermanos Lugones —fingiendo venderle información a cambio de dinero— atraen a Guerin hasta el propio despacho de Adamson, donde El Coyote, disfrazado con el gabán del tabernero, lo abate a tiros tras un último y cínico apretón de manos.
La justicia del Coyote se completa esa misma noche en la oficina del sheriff: el capitán Fossett abate a Creswell, y El Coyote y los Lugones liquidan a Goodricke, Howe y Jessop antes de liberar a Pomeroy y hacer volar por los aires el arsenal clandestino. Ya sin fiarse de la torpeza del joven emisario, El Coyote decide enviar él mismo los documentos recuperados directamente a Washington. En la estación, mientras Pomeroy encaja con resignación el desengaño amoroso, Joan Hargrave y el capitán Fossett, unidos por el peligro compartido, deciden emprender juntos el viaje a San Francisco: él abandona su puesto en el fuerte por ella, sellando el idilio con un beso ante la mirada entristecida del político reformado.
🕰️ Contexto histórico
La novela traslada a un pequeño pueblo ferroviario de la Sierra Nevada californiana el mismo trasfondo de corrupción en las Reservas Indias que venía desarrollándose desde «Mensajero de paz»: el contrabando de armas, munición y licor destinado a las tribus, camuflado en un almacén subterráneo comunicado con el banco, la cárcel y la taberna del pueblo, retrata la connivencia entre las autoridades locales —sheriff, banquero, tabernero, barbero, jefe de estación— y el crimen organizado en la California de posguerra. La escena de la justicia sumaria por linchamiento, que a punto está de costarle la vida a Pomeroy antes incluso de que se demuestre su culpabilidad, añade un retrato certero de la fragilidad de la ley en los pueblos fronterizos de la época, donde la turba y el verdugo particular —encarnado aquí en El Coyote— sustituyen con frecuencia a los tribunales.
👥 Personajes
- César de Echagüe / El Coyote: El enmascarado californiano interviene desde el primer capítulo bajo un doble disfraz sucesivo (viajero anónimo y luego su atuendo habitual de justiciero), fingiendo ante Joan y Pomeroy una indiferencia egoísta que le permite actuar entre bastidores sin levantar sospechas.
- Hamilton Pomeroy Peter: El joven político, ya arrepentido y leal a Grant desde su experiencia en Utah, vuelve a caer, esta vez de forma inocente, en una trampa que lo acusa de asesinato y robo; su torpeza reiterada lleva a El Coyote a decidir prescindir de él como correo de confianza.
- Joan Hargrave: La actriz shakespeariana, fiel compañera de viaje, se juega la vida por lealtad a Pomeroy y termina encontrando en el capitán Fossett un amor inesperado, cerrando su arco sentimental de las últimas entregas.
- Capitán Lionel Fossett: Oficial cínico y descreído del cercano fuerte, antiguo héroe de guerra degradado y luego rehabilitado; se erige en protector de Joan por lealtad a la memoria de su amigo Toker y acaba enamorándose de ella hasta abandonar su puesto militar.
- Daniel Guerin: Antiguo secretario de Jebediah Ehredt y villano recurrente desde «Mensajero de paz»; pistolero zurdo, frío y calculador, dirige la trama de Colfax hasta su ajusticiamiento a manos de El Coyote.
- Richard Toker / Martín Creswell: El verdadero Toker, banquero honrado que había reunido pruebas contra la trama de las Reservas Indias, es asesinado antes de que empiece la novela; su suplantador, Martín Creswell, es quien se hace pasar por él para embaucar a Pomeroy.
- Sheriff Goodricke: Representante corrupto de la ley en Colfax, cómplice de la conspiración desde la propia detención de Pomeroy hasta su participación en el arsenal clandestino.
- Adamson: Dueño de la taberna y casa de juego de Colfax, esposo secreto de la señora Lamb; su dolor por el asesinato de su mujer lo empuja a traicionar a Guerin y entregar los documentos decisivos a El Coyote.
- Señora Lamb / Isabel Dooley: Viuda que hospeda a Joan Hargrave, en realidad hermana del inspector Robert Dooley (asesinado en «Mensajero de paz») y esposa oculta de Adamson; muere a manos de Guerin al descubrir que él mató a su hermano.
- Timoteo y Juan Lugones («José y Antonio Fernández»): Los fieles hombres de El Coyote se hacen detener deliberadamente para vigilar a Pomeroy desde dentro de la cárcel, descubren el arsenal subterráneo y tienden la trampa final a Guerin.
- Evelio Lugones: Tercer hermano Lugones, cómplice habitual de los disfraces y cambios de montura de El Coyote en el tren.
Portadas






✨ Frase característica
«Amigo mío, es usted una calamidad. Nadie me había dado tanto trabajo y tantos quebraderos de cabeza como usted.» Con esta frase, dicha sin acritud pero con desengaño, El Coyote resume ante un Pomeroy una vez más rescatado el hilo conductor de toda la trilogía: la candidez del político reformado, que necesita ser salvado en cada entrega pese a sus buenas intenciones, y la decisión final del enmascarado de no volver a confiarle documentos sensibles.
📜 Citas y proverbios
- Quien ama el peligro perecerá en él. Lo dice la Biblia, aunque ignoro en qué página o versículo. — don César de Echagüe, sobre la temeridad de Pomeroy
- El sistema de las grandes piedras es excelente. Se instalan en un lugar y allí permanecen por los siglos de los siglos, indiferentes a lo que sucede a su alrededor. — don César de Echagüe, defendiendo su fingida indiferencia
- La moral es como los trajes de etiqueta. Muy bonita, pero muy incómoda. Y, como ocurre con los trajes de etiqueta, se pasa de moda en seguida. — el capitán Lionel Fossett, en su primera charla con Joan Hargrave
- Yo siempre he creído que si los cazadores preguntasen a una liebre, antes de matarla, si estaba dispuesta, a cambio de conservar la vida, a descubrir las madrigueras de cinco liebres, ni una sola vacilaría en dar la información. — Antonio (Timoteo) Lugones, engañando a Daniel Guerin
- Estamos en paz, Adamson. Si sigue el camino bueno, nunca más volveremos a encontrarnos. Si se desvía… Tome ejemplo. — El Coyote, tras ajusticiar a Daniel Guerin
- Es usted como todas. Quiere hacer un ser perfecto de un hombre que no lo es ni lo puede ser. — el capitán Fossett, cortejando a Joan Hargrave
📚 Capítulos
Capítulo I — «Informes para Hamilton Pomeroy Peter»
En el tren que cruza la Sierra Nevada, don César discute con Pomeroy sobre su nueva vocación reformista, fingiendo desinterés absoluto. En Colfax, el banquero Richard Toker aborda a Pomeroy con un telegrama de Washington y lo convence, junto con Joan, de acompañarlo a su banco para recoger unos supuestos documentos comprometedores contra el capitán Fossett; les entrega un maletín cerrado y ambos regresan corriendo al tren, que ya se prepara para partir.
Capítulo II — «Una desagradable sorpresa para el señor Pomeroy»
Pomeroy descubre que su maleta ha sido forzada y que le han robado los documentos originales de El Coyote; al abrir el maletín de Toker solo encuentra dinero. El sheriff Goodricke lo detiene acusándolo del asesinato del banquero, hallado muerto de dos balazos en su despacho. Joan, dejada sola, pide ayuda a don César, quien se niega fríamente a intervenir; ella decide quedarse en Colfax. Entretanto, don César se disfraza de El Coyote en el propio tren y salta de él junto a Evelio Lugones para regresar en secreto al pueblo.
Capítulo III — «La señora Lamb»
Joan se aloja en casa de la viuda señora Lamb, que le aconseja guardar sus joyas bajo llave. Al revisar su habitación, Joan descubre que el maletín de las alhajas ha sido vaciado y encuentra una nota, en apariencia firmada por El Coyote, que le ordena abandonar Colfax sin hacer preguntas. Mientras se dirige a visitar a Pomeroy en la cárcel, una turba enfurecida se congrega frente a la prisión reclamando un linchamiento.
Capítulo IV — «Dinero mal empleado»
Los hermanos Timoteo y Juan Lugones, tras una pendencia fingida en la taberna de Adamson, logran que el sheriff los encierre en la misma cárcel que Pomeroy para vigilarlo de cerca. Cuando la multitud enfurecida asalta la prisión, Goodricke y su cómplice Martín Creswell sacan a Pomeroy por un pasadizo secreto; los Lugones fuerzan su propia celda, siguen el túnel y descubren un vasto almacén clandestino de armas, munición y licor destinado al contrabando indio.
Capítulo V — «Joan Hargrave reza por el alma de un banquero»
Ante la cárcel asaltada, Joan conoce al capitán Lionel Fossett, que la protege del tumulto y le informa de que el preso ha sido puesto a salvo. Fossett, decidido a vengar a su amigo Toker, arrastra a Joan al velatorio del banquero; allí, al contemplar el cadáver, la joven reconoce con horror que aquel hombre no es el Toker que la acompañó al banco horas antes.
Capítulo VI — «Un encuentro en la noche»
Fossett, comprendiendo el peligro, saca a Joan de la casa a toda prisa y huyen a caballo hacia el fuerte, perseguidos a tiros por varios jinetes de la conspiración. Cuando están a punto de ser alcanzados, El Coyote y Evelio Lugones acuden en su ayuda y ponen en fuga a los atacantes. El Coyote revela a Joan que él no escribió la nota sobre sus joyas ni ordenó que abandonara Colfax: la advertencia era falsa.
Capítulo VII — «Hamilton Pomeroy Peter, ante sus jueces»
Daniel Guerin llega a Colfax y reconstruye ante sus cómplices —Creswell, Goodricke, Jessop, Howe y Adamson— toda la trama: el asesinato de Toker para robarle los documentos, la suplantación de su identidad y el intento fallido de hacer linchar a Pomeroy. La señora Lamb, presente en la reunión, se revela como Isabel Dooley, hermana del inspector asesinado por Guerin en la novela anterior. Interrogado sobre el paradero de los documentos, Pomeroy se niega rotundamente a hablar pese a las amenazas de Guerin.
Capítulo VIII — «El último apretón de manos de Daniel Guerin»
Cuando la señora Lamb encara a Guerin por la muerte de su hermano, este la mata a sangre fría fingiendo entregarle una carta. El Coyote, testigo del crimen, convence a un devastado Adamson de vengarse entregándole los documentos guardados en su caja fuerte. Los hermanos Lugones, simulando venderle información sobre quién ha pagado para matarlo, atraen a Guerin hasta el despacho de Adamson, donde El Coyote, disfrazado con las ropas del tabernero, lo abate a tiros tras un último y cínico saludo.
Capítulo IX — «La justicia del Coyote»
De vuelta en la oficina del sheriff, el capitán Fossett abate a Martín Creswell, mientras El Coyote y los hermanos Lugones liquidan a Goodricke, Howe y Jessop en un violento tiroteo. Pomeroy es liberado; El Coyote, ya sin confianza en su torpeza, decide enviar personalmente los documentos recuperados a Washington en lugar de confiárselos de nuevo. Antes de partir, ordena volar el arsenal clandestino de armas y licores destinado a las tribus indias.
Capítulo X — «Las preferencias de Joan Hargrave»
En el andén de Colfax, mientras aguardan el tren a San Francisco, el capitán Fossett corteja abiertamente a Joan Hargrave, quien anuncia en broma que se casará con él, hiriendo el orgullo de un resignado Pomeroy. Fossett decide finalmente abandonar su puesto en el fuerte para acompañarla, y ambos sellan su idilio con un beso mientras el tren se pone en marcha.
🎭 Temas y estilo
- El desdoblamiento constante de identidad: en esta entrega El Coyote llega a triplicar sus disfraces (viajero anónimo, arriero mexicano, el propio Adamson), reforzando el motivo central de la máscara como herramienta de justicia.
- La farsa como arma narrativa: la suplantación de Toker por Creswell y la impostura de los Lugones como presos convierten la novela en un juego de dobles y falsas identidades que se resuelve solo en el desenlace.
- El desencanto de Pomeroy como hilo conductor de la trilogía: su ingenuidad reiterada obliga a El Coyote a retirarle su confianza, cerrando un arco de aprendizaje iniciado en «La huella azul».
- La comedia romántica como contrapunto a la violencia: el galanteo cínico y desenfadado del capitán Fossett aporta un alivio cómico que culmina en un final feliz poco habitual en la saga, con la boda insinuada de Joan Hargrave.
- La justicia sumaria del Coyote frente a la justicia popular: el linchamiento frustrado en la cárcel y la posterior ejecución de los culpables por mano del propio Coyote plantean, una vez más, la tensión entre la ley formal, la turba y la justicia particular del héroe enmascarado.
📎 Notas
Esta novela cierra la trilogía formada junto con «La huella azul» y «Mensajero de paz», compartiendo con ambas el personaje de Daniel Guerin (antiguo secretario de Jebediah Ehredt) y el trasfondo del contrabando de armas y licor a las Reservas Indias bajo la Administración Grant; la señora Lamb resulta ser hermana de Robert Dooley, el inspector asesinado por Guerin en «Mensajero de paz», cerrando así ese hilo argumental con la muerte del propio Guerin a manos de El Coyote.
A diferencia de las dos entregas anteriores, don César de Echagüe apenas aparece como tal más allá del primer capítulo, adoptando de inmediato y durante el resto de la novela su identidad de El Coyote sin volver a mostrarse ante Joan o Pomeroy con su rostro descubierto, lo que acentúa el suspense sobre su paradero real hasta el desenlace.
El desenlace romántico entre Joan Hargrave y el capitán Fossett, con la boda claramente insinuada, es inusual en la saga por su tono ligero y resuelto, y deja abierta la incógnita de si la actriz reaparecerá en futuras entregas ya como esposa de un militar retirado del servicio activo.






