NÚMERO: 2
TÍTULO: LA VUELTA DEL COYOTE
SINOPSIS:
La novela arranca con el asesinato premeditado de Juan Olegario Zamiza, un mestizo californiano al que el norteamericano Samuel Perkins tiende una trampa: le presta su caballo con bolsas de dinero ocultas y luego lo acusa de robo ante el sheriff Koster, su cómplice. El resultado es un linchamiento ilegal que le arrebata a Zamiza la vida y las tierras. Su viuda, Julia Ibáñez, intenta vengarse enfrentándose a Fawcet, el tabernero testigo del engaño, pero es asesinada antes de conseguirlo. Luis María Olaso, joven fogoso que seguía a Julia, mata al asesino de ésta y huye al rancho de San Antonio buscando refugio en César de Echagüe, quien, para sorpresa de todos, lo entrega a las autoridades.
Lo que parece una traición resulta ser un movimiento calculado: César es en realidad El Coyote, y la entrega garantiza que Luis María llegue vivo a juicio, donde tendrá un abogado —Covarrubias— y un jurado que El Coyote, reactivado tras dos años de silencio, visitará uno por uno durante la noche para garantizar el veredicto de inocencia. Paralelamente, El Coyote extorsiona a Fawcet para que declare la verdad, lo que desencadena el intento de asesinato de Perkins contra el tabernero —fallido gracias a los hermanos Lugones— y la muerte del propio Perkins. El juicio concluye con la absolución de Luis María. En el desenlace, el juez Salters, que ha identificado a El Coyote por sus revólveres incrustados en oro, intenta chantajear a Leonor para apoderarse del rancho, pero muere a manos de César. La identidad del Coyote queda a salvo gracias a la versión pública de que fue un impostor, y Leonor comprende que sus celos hacia Guadalupe eran infundados.
PERSONAJES:
- César de Echagüe / El Coyote — Hacendado californiano de gran fortuna, aparentemente frívolo y cobarde. Es en realidad El Coyote, justiciero enmascarado que lleva dos años retirado y que en esta entrega decide reaparecer ante la escalada de abusos contra los californianos. Inteligente, estratégico y de una destreza excepcional con las armas.
- Leonor de Acevedo — Esposa de César. Vive en la tensión permanente entre el amor por su marido y el miedo a que El Coyote resurja y ponga en peligro su vida. En esta novela sufre además unos celos mal fundados hacia Guadalupe, que se resuelven al final.
- Samuel Perkins — El villano principal en el primer tramo de la novela. Norteamericano codicioso que arrebata tierras a los californianos mediante trampas judiciales. Muere a manos de los hermanos Lugones cuando intenta asesinar a Covarrubias.
- Sheriff Koster — Cómplice de Perkins y Salters. Representa la ley corrompida al servicio de los despojadores. Es abatido por El Coyote cuando le tiende una emboscada en la carretera del rancho.
- Juez Salters — El más inteligente y peligroso de los tres villanos. Descubre la identidad de El Coyote a través de los revólveres incrustados en oro e intenta chantajear a Leonor. Muere en el vestíbulo del rancho de San Antonio.
- Juan Olegario Zamiza — Mestizo californiano víctima del engaño inicial. Su asesinato en el álamo de su propia casa es el detonante moral de toda la trama.
- Julia Ibáñez — Viuda de Zamiza. Mujer de carácter, lúcida e indomable, que intenta vengar a su marido comprando un revólver y enfrentándose a Fawcet. Muere asesinada en la taberna antes de conseguirlo.
- Luis María Olaso — Joven californiano impetuoso que mata al asesino de Julia y es juzgado por ello. Encarna la resistencia violenta frente a la opresión, en contraste con la astucia calculada de César.
- José Covarrubias — Abogado californiano formado en Boston, patrocinado por los Echagüe. Defiende a Luis María con brillantez, especialmente en la reconstrucción de la escena del crimen ante el jurado.
- Fawcet — Tabernero testigo del engaño contra Zamiza. Cómplice pasivo de Perkins por miedo y conveniencia. El Coyote lo extorsiona y lo induce a declarar. Muere asesinado por Perkins antes de concluir su testimonio.
- Guadalupe Martínez (Lupe) — Hija del mayordomo Julián. Está secretamente enamorada de César desde antes de saber que es El Coyote. En la novela cumple la función de centinela nocturna en el cuarto de César durante sus salidas, lo que provoca los celos de Leonor. Al final interpone su cuerpo entre El Coyote y el disparo de Salters, resultando herida.
- Julián Martínez — Mayordomo fiel de los Echagüe. Único servidor del rancho, junto a su hija, que conoce la doble identidad de César. Leal hasta el punto de arriesgar su vida en el enfrentamiento final.
- Adelia — India de Los Ángeles, encargada de la limpieza del tribunal. Agente discreta del Coyote: copia la lista del jurado del cajón del juez Salters y actúa como intermediaria y enlace de información.
- Los Lugones (Timoteo, Leocadio, Evelio y Juan) — Cuatro hermanos californianos veteranos de la batalla de San Pascual. Actúan como fuerza de apoyo del Coyote: matan a Perkins cuando éste intenta asesinar a Covarrubias desde la galería.
- Fray Bartolomé — Franciscano que oficia el entierro de Zamiza. Encarna la resignación cristiana frente a la injusticia, en contraste con la rebeldía de Luis María.
PORTADAS:






FRASE:
«Coyote, vas a tener que resucitar.» — César de Echagüe, ante el arcón donde guarda su disfraz.
CITAS:
- «Amigo Luis María, cuando no se puede ser león es una tontería pretender serlo. Vale mil veces más ser zorro… o coyote, si lo prefieres.» — César de Echagüe a Luis María Olaso.
- «El que recurre a la violencia perece en la violencia.» — Fray Bartolomé.
- «Cuando fui herido sentí que algo moría dentro de mí. Quizá fue el valor.» — César de Echagüe a Leonor.
- «Mi opinión es que la astucia es siempre más fuerte que la fuerza.» — César de Echagüe.
- «Los muertos no hablan.» — Sheriff Koster, sobre Fawcet.
CAPÍTULOS:
Capítulo I — La justicia de los hombres del Norte Samuel Perkins presiona a Juan Olegario Zamiza para que le venda sus tierras. Al negarse, le tiende la trampa de prestarle su caballo, que lleva ocultas dos bolsas de dinero. Con el pretexto del supuesto robo, Perkins reúne a sus cómplices, incluido el sheriff Koster, y rodean la casa del mestizo. La esposa de éste, Julia, comprende la trampa demasiado tarde e intenta resistir con un fusil, siendo golpeada. Juan Olegario es ahorcado en el álamo de su propia casa. El juez Salters adjudica después las tierras a Perkins. El capítulo establece el mecanismo de despojo legal-ilegal que estructura toda la novela.
Capítulo II — El recuerdo del Coyote Julia Ibáñez recupera la consciencia y contempla el cuerpo de su marido colgado del árbol. Con fría determinación, destruye la bodega de vino, libera los animales e incendia la casa antes de unirse al cortejo fúnebre, para que los asesinos no hereden nada. En el cementerio, Luis María Olaso discute encendidamente con César de Echagüe sobre la necesidad de resistir con violencia. César, con aparente frivolidad, defiende la astucia frente a la fuerza y entrega a Julia mil dólares para que marche a San Diego. Sin embargo, Julia ya porta un revólver con una sola bala que acaba de comprar.
Capítulo III — En el rancho de San Antonio César y Leonor cenan en silencio. En una conversación nocturna cargada de tensión, ambos reconocen la lucha interna entre el deseo de que El Coyote regrese y el miedo a las consecuencias. La llegada precipitada de Luis María Olaso interrumpe el diálogo: ha matado en la taberna de Fawcet al hombre que asesinó a Julia. En paralelo, Julia Ibáñez irrumpe en la taberna armada, intenta obligar a Fawcet a declarar la verdad y es abatida por uno de los clientes antes de poder disparar. Luis María venga su muerte clavando el cuchillo en el asesino y huye al galope hacia el rancho de San Antonio.
Capítulo IV — El respeto a la ley Luis María llega al rancho esperando protección. César, con calculada frialdad, lo hace esposar por sus propios peones y avisa al sheriff, al juez Salters y al abogado Covarrubias. Leonor, indignada, lo acusa de cobardía y traición. César explica en privado a Julián que la entrega es en realidad la única forma de salvar a Luis María: si lo hubieran cazado en el monte lo habrían linchado sin juicio. Además, con la presencia de testigos y un recibo firmado, impide que puedan acusarlo a él de encubridor. Leonor no lo entiende y expresa su desprecio abiertamente. Al quedarse solo, César saca su revólver del cajón y practica con él en el silencio del salón.
Capítulo V — Las órdenes del Coyote César baja a la bodega secreta del rancho y, ante Julián, se viste de nuevo con el traje del Coyote después de dos años. Monta su caballo negro y se dirige a Los Ángeles. Su primera visita es a Adelia, la india encargada de la limpieza del tribunal, a quien encarga que copie del cajón del juez Salters la lista de los miembros del jurado. A continuación escala la fachada de la casa de Covarrubias y le ordena que acuda cada noche a la taberna de Fawcet, donde verá y oirá algo decisivo para la defensa de Luis María. La escena establece el método de El Coyote: información, red de agentes y presión calculada antes que violencia directa.
Capítulo VI — Tres canallas se reúnen. La justicia del Coyote En el despacho de Salters, los tres conspiradores —Salters, Koster y Perkins— repasan el plan: el jurado está comprado, Luis María será condenado a muerte, y Fawcet, que ya no les es útil, debe ser eliminado. Uno de los hombres de El Coyote, un indio presente en la taberna de Fawcet, escucha la conversación entre Covarrubias y Fawcet. Esa misma noche, El Coyote visita la taberna ya cerrada, extorsiona a Fawcet arrebatándole diez mil dólares e hiriéndole la mano cuando intenta resistir, y le revela el plan de sus socios para matarlo. Le aconseja que hable con Covarrubias. Al salir, El Coyote tacha en su lista los nombres de los primeros jurados visitados.
Capítulo VII — Doce jurados El Coyote, con la lista de Adelia en la mano, recorre Los Ángeles de noche y visita uno por uno a los miembros del jurado, imponiendo con pistola y cuchillo el veredicto de inocencia. Las escenas con Carrillo y Cuenca, y después con Potts y May —a quienes desarmó en la calle y llevó bajo un farol—, combinan tensión y humor negro. Covarrubias, siguiendo las instrucciones del Coyote, permanece todas las noches en la taberna de Fawcet como testigo. La noche clave, escucha cómo Perkins acude a Fawcet y le cita en las tierras de Zamiza —la trampa mortal anunciada—. Cuando Perkins ejecuta el plan y dispara a Fawcet desde la galería de la casa de Covarrubias, los hermanos Lugones, que patrullaban por el barrio, lo matan antes de que pueda huir. Leonor, esa misma madrugada, sorprende a Guadalupe saliendo del cuarto de César y malinterpreta la escena, desencadenando sus celos.
Capítulo VIII — El silencio de un testigo Fawcet, con la mano herida y consciente de que Perkins planea matarlo esa noche, recibe la confirmación del peligro cuando el propio Perkins le cita en las ruinas de la casa de Zamiza. Decide actuar: cierra la taberna y acude en secreto a casa de Covarrubias para declarar toda la confabulación contra Juan Olegario. La declaración es interrumpida por el disparo de Perkins desde la galería, que mata a Fawcet. Los Lugones eliminan a Perkins. En el rancho, Leonor descubre a Guadalupe saliendo del cuarto de César de madrugada y queda convencida de que su marido la engaña. César, mientras tanto, ignora que su principal coartada —Guadalupe como centinela en su habitación— ha destruido la confianza de su esposa.
Capítulo IX — El veredicto del jurado Día del juicio. César y Leonor asisten al tribunal, ella en un estado de angustia silenciosa. Covarrubias lleva a cabo una brillante reconstrucción de la escena: demuestra que desde donde estaba Luis María era imposible saber si Julia empuñaba un arma real o no, poniendo en evidencia las contradicciones del sheriff Koster como testigo. Los miembros del jurado, aterrorizados por las visitas nocturnas del Coyote, emiten por unanimidad el veredicto de inocencia en apenas veinte minutos. Salters y Koster quedan descolocados. Luis María es puesto en libertad y, con discreción, reconoce que debe la vida a César.
Capítulo X — Otra visita al juez Salters Koster tortura a Bradley, el presidente del jurado, intentando saber quién ordenó el veredicto. Salters concluye que fue El Coyote y que lo ha identificado por los revólveres incrustados en oro que vio en el buró aquella noche. Esa misma noche, El Coyote irrumpe en el despacho de Salters, marca con un disparo la oreja de ambos hombres como advertencia, les obliga a firmar la cesión de todas sus propiedades y les da veinticuatro horas para abandonar Los Ángeles. También libera a Bradley. Salters, que ha reconocido el arma, urde un plan: Koster tenderá una emboscada a El Coyote en la carretera del rancho mientras él acude a chantajear a Leonor.
Capítulo XI — El Coyote en peligro De regreso al rancho, El Coyote es emboscado por Koster en la colina de los cedros: un disparo mata a su caballo. El Coyote usa el cuerpo del animal como parapeto, localiza el destello de la camisa de Koster a la luz de la luna y lo abate con un único disparo del Sharps. Al reconocer el cadáver comprende que Salters ya conoce su identidad —el revólver que empuña Koster es el mismo que dejó en el buró— y corre al rancho. Mientras tanto, Salters ha llegado al rancho y, con Leonor como rehén, la presiona para que ceda el rancho. La aparición de César en lo alto de la escalera desconcierte al juez, quien finalmente dispara usando a Leonor como escudo. Guadalupe, que seguía a César, interpone su cuerpo y recibe la bala. En el intercambio de disparos subsiguiente, César hiere mortalmente a Salters, que cae en el umbral.
Epílogo La versión pública que circula en Los Ángeles describe el suceso como un asalto fallido de un impostor del Coyote, rechazado gracias a Julián. Nadie vincula a César con El Coyote, en parte porque Luis María —el único con motivos para sospecharlo— defiende públicamente a César. Guadalupe se recupera de su herida. Leonor, comprendiendo al fin la verdad de aquellas noches y la inocencia de Lupe, pide perdón a la muchacha y se reconcilia con César. El Coyote vuelve a su retiro. Lupe, en su habitación, sabe que el amor que siente por César no podrá ser jamás correspondido.






