NÚMERO: 3
TÍTULO: HURACÁN SOBRE MONTERREY
SINOPSIS:
La acción transcurre en Monterrey, California, durante una recepción oficial ofrecida por el gobernador del Estado, el general Curtis, en el antiguo palacio de los Ortega. En plena fiesta, un enmascarado disfrazado de fraile franciscano irrumpe en el jardín, roba las joyas de las damas presentes y mata de un disparo al alcalde Julián Carreras cuando éste intenta resistirse. Todo apunta a El Coyote como autor del crimen. Las sospechas recaen de inmediato sobre César de Echagüe, el rico hacendado de Los Ángeles que esa misma noche había protagonizado un violento altercado con Carreras, y que no puede acreditar ninguna coartada sólida.
La trama se complica cuando el soldado Clifton Overbeck —que había servido en Los Ángeles y conocía la identidad real del Coyote— salva a César de la acusación con un falso testimonio, pero poco después aparece asesinado en la taberna de Jacinto, adonde había citado a César para extorsionarle. El Coyote escapa por los pelos de una emboscada militar tendida en la taberna, luchando a sablazos contra seis soldados y huyendo a caballo entre la oscuridad de las callejuelas.
Esa misma noche, en la segunda fiesta ofrecida por el gobernador Curtis, éste es hallado muerto en su despacho cerrado por dentro, atravesado por la daga oriental con rubíes que César había exhibido públicamente días antes. César es detenido y encarcelado como principal sospechoso. Todo parece perdido para él.
La salvación llega a través de su esposa Leonor, que acude a la cárcel interpretando magistralmente el papel de esposa ultrajada y celosa, lo que le permite a César escurrirse disfrazado de mujer durante dos horas, convocar en secreto a militares y civiles clave en casa de Ortega, y presentarse ante ellos como El Coyote para revelar la verdad: el verdadero asesino es el sargento Clemens, en realidad el general Clarke —enemigo acérrimo del Coyote desde episodios anteriores—, que se había infiltrado en el Ejército con barba postiza para ejecutar un plan doble: eliminar al gobernador unionista en favor de los intereses esclavistas del Sur, y destruir de paso al Coyote cargándole todas las culpas. Clarke muere de un disparo del Coyote en esa misma reunión. César regresa a la cárcel disfrazado, y al día siguiente es puesto en libertad con todas las excusas. La novela cierra con la llegada del cuñado de César, Edmonds Greene, que le encarga una nueva misión en el Valle de la Muerte.
PERSONAJES:
- César de Echagüe — Protagonista y alter ego del Coyote. Rico hacendado de Los Ángeles, dueño de los ranchos San Antonio y Acevedo. Aparenta indolencia e indiferencia ante el mundo, pero esconde una inteligencia excepcional, maestría con las armas y una profunda lealtad hacia los californianos. A lo largo de la novela se ve acorralado por una trampa cuidadosamente tendida contra él.
- El Coyote — La identidad enmascarada de César. Justiciero californiano, experto en disfraces y en escapadas imposibles. En esta entrega actúa en la sombra durante gran parte de la trama, irrumpiendo al final para desenmascarar al asesino real y liberar a su alter ego.
- Leonor de Acevedo — Esposa de César. Mujer de carácter, inteligente y valiente. Su actuación en la cárcel —fingiendo ser una esposa furiosa y celosa— es una de las escenas más memorables de la novela y resulta decisiva para la salvación de César.
- General Curtis — Gobernador de California, representante del partido abolicionista del Norte. Hombre prudente y buen político, sospecha de César pero actúa dentro de la legalidad. Es la víctima principal de la conspiración.
- Julián Carreras — Alcalde de Monterrey, hacendado español de origen, californiano de corazón. Muere en la primera noche al intentar resistirse al falso Coyote. Su muerte desencadena toda la trama.
- El general Clarke / sargento Clemens — Antagonista principal. Antiguo jefe militar degradado gracias a una intervención anterior del Coyote. Se infiltra en el Ejército como el sargento Clemens, con barba postiza, para ejecutar su venganza personal y servir a los intereses esclavistas del Sur asesinando al gobernador Curtis.
- Julián Martínez — Capataz fiel de César, su hombre de confianza. Ejecuta las instrucciones de su amo con absoluta lealtad aunque con constante angustia por los riesgos que éste asume.
- Clifton Overbeck — Soldado que había servido en Los Ángeles y reconoce la identidad del Coyote. Salva a César con un testimonio falso, pero intenta después chantajearle. Reconoce también a Clarke bajo su disfraz, lo que le cuesta la vida.
- Don Pedro Ortega — Anfitrión de la primera fiesta, aficionado al juego. Personaje secundario de peso, que intenta proteger a César por lealtad californiana y cuya casa sirve de escenario tanto para el primer crimen como para el desenlace final.
- Comandante Fisher — Oficial del Ejército que asume el mando tras la muerte del gobernador. Recto pero limitado; acumula pruebas contra César sin ver más allá de lo aparente.
- Edmonds Greene — Cuñado de César, personaje con influencia en Washington. Aparece en el epílogo para encargar al Coyote una nueva misión en el Valle de la Muerte, abriendo la siguiente aventura.
PORTADAS:






FRASE:
«Nada detiene al Coyote.»
CITAS:
- «Si nos sentamos a la puerta de nuestra casa, algún día veremos pasar el cadáver de nuestro enemigo.» — César de Echagüe, parafraseando el proverbio oriental.
- «Dejemos que los muertos entierren a los muertos y olvidémoslos bajo tierra.» — César de Echagüe.
- «En el peor de los casos, será más útil a California un gobernador asesinado que un gobernador cobarde. El cargo obliga.» — General Curtis.
- «El Coyote nunca insinúa. El Coyote afirma.» — El Coyote, en el tribunal improvisado.
- «Casi me alegro de que la historia del Coyote vuelva a ser limpia. Esos crímenes eran impropios de él.» — Capitán Smithers, en el desenlace.
CAPÍTULOS:
Capítulo I — Nueva hazaña del Coyote Durante la recepción del gobernador Curtis en el palacio de los Ortega, se producen dos escenas paralelas que marcan el tono de toda la novela. En la primera, Curtis y el alcalde Carreras debaten sobre la situación política de California y sobre el Coyote: el gobernador lo condena como asesino; Carreras lo defiende como héroe. En la segunda, César de Echagüe protagoniza un tenso altercado con Carreras que termina en bofetada, y acto seguido exhibe su destreza lanzando su daga oriental contra el tronco de una parra. Cuando un misterioso criado le avisa de que una dama quiere verle, César baja al jardín y no encuentra a nadie. Al regresar, un hombre tropieza con él y le introduce en el bolsillo sin que se dé cuenta un antifaz y unas joyas. Poco después, un enmascarado disfrazado de fraile franciscano asalta a las damas en la pérgola, roba sus joyas, mata a Carreras de un disparo y golpea a su esposa. El Coyote escapa antes de que los soldados puedan cerrar el palacio. César, en la oscuridad del jardín, descubre el antifaz y las joyas en su bolsillo, comprende que le han tendido una trampa, y los arroja entre los laureles. Recupera también un revólver recién disparado escondido en su capa del guardarropa, encierra a cuatro criados y escapa al jardín. Cuando todo parece perdido, el gobernador convoca un interrogatorio general.
Capítulo II — La culpa del Coyote El interrogatorio colectivo sitúa a todos los invitados ante el gobernador. Uno a uno van probando sus coartadas hasta que llega el turno de César, que queda el último por decisión expresa de Curtis. El gobernador le acusa directamente de ser El Coyote: no tiene coartada, la dama que supuestamente le citó no aparece, y el misterioso criado alto y de cabellos rizados que le avisó tampoco existe entre la servidumbre de los Ortega. En el momento más comprometido, el soldado Clifton Overbeck interviene afirmando haberle visto en el jardín con una mujer durante los fuegos artificiales, salvándole provisionalmente. Al despedirse, en voz muy baja, Overbeck le susurra: «Búsqueme mañana, a las diez de la noche, en la taberna de Jacinto. Tengo que decirle algo, señor Coyote.»
Capítulo III — La cita con la muerte César habla con su capataz Martínez y comprende que Overbeck sabe quién es y pretende chantajearle. Esa noche, disfrazado de Coyote, acude a la taberna por la azotea. En un reservado del primer piso encuentra a Overbeck muerto, con una herida de arma triangular y una letra «C» trazada en el polvo con el dedo. Al salir, descubre que el corredor está lleno de soldados en emboscada. Con una maniobra brillante —apagar el candil, lanzar una silla como señuelo, atacar a sablazos en la oscuridad— deja fuera de combate a cuatro soldados, desarma al sargento y baja a la sala de la taberna, donde la concurrencia le reconoce. Libera los quince caballos del Ejército encuadrados en la cuadra, y aprovechando la confusión escapa oculto bajo el vientre de uno de ellos, apareciendo ya a caballo una vez en la calle.
Capítulo IV — La sentencia del Coyote El gobernador Curtis analiza el nuevo fracaso militar con Fisher, Barrow y Clemens. El sargento Clemens —que en realidad es el general Clarke disfrazado— relata los hechos con minucioso detalle, añadiendo que fue él quien advirtió las intenciones de Overbeck. Curtis recibe una carta firmada por El Coyote en la que éste sentencia a muerte al gobernador para esa misma noche, a las doce en punto. A pesar de las advertencias de Fisher, Curtis decide celebrar la fiesta prevista: cancelarla sería reconocer que tiene miedo. Aprovecha además para nombrar alcalde interino a Charles Adams —el comerciante al que el Coyote desorejó— calculando que su odio personal hacia el enmascarado hará más eficaz a la milicia. Curtis escribe una larga carta a Washington advirtiendo de las maniobras esclavistas en California y anota en su cuaderno su intención de hablar esa noche con César de Echagüe.
Capítulo V — Sentencia cumplida César asiste a la fiesta del gobernador enteramente de negro, tras una conversación con Martínez en la que bromea —o no— sobre su intención de matar a Curtis con un puñal. En la fiesta es sometido al registro de armas junto a todos los invitados, y observa con ironía lo poco disimulado de los soldados disfrazados de criados. Curtis bebe café en gran cantidad, visiblemente somnoliento. A las once y media, el gobernador cita a César en su despacho para hablar. César espera en la antesala, oye moverse a Curtis dentro, y luego un silencio total. Cuando al cabo de un buen rato llama y no obtiene respuesta, se alarma y va a buscar ayuda. El sargento Clemens llega en ese momento, aporra la puerta, la derriba, y encuentran a Curtis muerto, clavado a la mesa por la daga oriental de rubíes de César. Los campanarios anuncian las doce de la noche.
Capítulo VI — La captura del Coyote Fisher asume el mando y examina la escena: el despacho no tiene ventanas ni otra entrada, y la llave estaba puesta por dentro. La daga es reconocida por todos como propiedad de César. Éste no puede probar su coartada —estuvo solo en la antesala—, y su única coartada posible sería llamar como testigos a Curtis y a Carreras, ambos muertos. Es detenido formalmente bajo la acusación de haber asesinado al gobernador y conducido a la cárcel de Monterrey. Durante la noche reflexiona en su celda sobre los acontecimientos, comenzando a hilar la solución del misterio.
Capítulo VII — La esposa del Coyote Leonor llega a Monterrey y recibe de Martínez la carta que César había dejado preparada por si algo salía mal. Enterada de la verdad, actúa con decisión. Esa misma noche se presenta en la cárcel interpretando el papel de esposa furiosa y celosa —a gritos, llantos, bofetadas, insultos—, lo que confunde y distrae al carcelero. Una vez en la celda, entrega a César sus ropas de El Coyote escondidas bajo un vestido de mujer. César sale disfrazado de dama mientras Leonor ocupa su lugar en la celda. Durante dos horas César está libre, ejecuta su plan, mata a Clarke y regresa a la cárcel. Leonor sale poco después entre sollozos fingidos y César vuelve a ocupar su camastro sin que el carcelero sospeche nada.
Capítulo VIII — El tribunal del Coyote En el salón de Ortega se reúnen los convocados por las misteriosas cartas. El Coyote irrumpe con dos revólveres y se sienta a presidir un improvisado tribunal. Expone su teoría: los tres crímenes —Carreras, Overbeck, Curtis— fueron cometidos por la misma persona, que estuvo presente en los tres escenarios. Señala la contradicción de Clemens: sabiendo de la amenaza de muerte sobre el gobernador, al ver al general caído de bruces sobre la mesa, dijo creer que estaba dormido. Revela el método del asesinato de Curtis: opio vertido en su café para adormecerle, y la puñalada dada por Clemens al derribar la puerta ante los propios testigos. Expone que Overbeck reconoció a Clarke bajo la barba postiza —de ahí la «C» trazada con el dedo antes de morir— y que Clarke le asesinó para silenciarle. Cuando Clemens intenta desenfundar su pistola, el Coyote le dispara y le mata. El capitán Smithers arranca la barba postiza y confirma: es el general Clarke. César es puesto en libertad al día siguiente con todas las excusas.
Epílogo — Que es principio de otra aventura del Coyote Doce días después, Edmonds Greene visita a César y Leonor. César le cuenta toda la verdad de los hechos en un relato retrospectivo que cierra los flecos de la trama: el criado misterioso era Clarke disfrazado; el revólver y el antifaz le fueron introducidos en el bolsillo al tropezar con él en el jardín; la identidad de Clarke fue la única clave que le permitió reconstruir todo. Greene, tras escucharle, le encarga una nueva misión secreta en el Valle de la Muerte, sin recompensa material ni apoyo del Gobierno. El Coyote acepta de inmediato.






